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...derramada...

 

Sermón predicado en la Parroquia “Nuestra Señora del Huerto”

el 16 de Septiembre 2004

La Pintana – Santiago de Chile

 

 

Queridos hermanos y hermanas:

 

 

         Estamos celebrando la Misa votiva en honor de la Sagrada Eucaristía. La Sagrada Eucaristía, como lo sabemos, es un Misterio. Lo decimos muchas veces en la Aclamación Memorial después de la Consagración, decimos: “Este es el Misterio de la Fe”.

         Es realmente el Misterio grande de la Fe. Y como es un Misterio es una realidad que está encima de cosas que superan realmente la capacidad de nuestro entendimiento, porque es un Misterio.

         Las vetas que tiene el Misterio de la Eucaristía, son vetas profundas que permiten ahondar de una manera, diríamos escalofriante, la realidad eucarística.

         De tal modo que, incluso a veces, hay palabras que nunca nosotros las hemos pensado en profundidad. Y palabras que están cargadas de contenido mistérico.

 

         Hoy quiero referirme a una de ellas. Es la palabra que se dice en la consagración del Sanguis, cuando el sacerdote dice “Sangra que será derramada”. Y yo reparé en esta palabra estando en Segni. Porque allí solemos tener, por ejemplo, la liturgia en rito bizantino-ucraniano, aparece esta palabra. En francés, aparece esta palabra. En inglés, en italiano, siempre. En todas las lenguas y en todas las liturgias. Y entonces, allí me puse a tratar de profundizar un poco.

 

         Comenzamos, justamente, por Santo Tomás de Aquino.

         Él, por ejemplo, distingue muy bien entre “sacrificios” y “oblaciones” y aquellas cosas que no son ni sacrificios ni oblaciones.

         Lo dice él, comentando el texto de la Suma Teológica, y dice así: “En primer lugar respecto a los sacrificios: se ha de decir que propiamente dicen sacrificios cuando sobre las cosas ofrecidas a Dios se hace algo, como cuando se parte el pan”. Por eso la “fractio panis” es la parte de la Misa que hay que prestar atención. Hay que darse cuenta de qué es lo que ocurre.

         “Cuando se come, cuando de bendice”, y esto sigue diciendo Santo Tomás, “lo dice el mismo nombre, puesto que sacrificio se dice cuando el hombre hace algo sagrado”. Sacrum facere, hacer algo sagrado. Sacrum facere, sacrificio.

 

         Segundo lugar, respecto a las oblaciones. Es decir al ofrecimiento: “Pero se dice directamente oblación cuando se ofrece algo a Dios. Aún cuando nada se hace sobre la cosa: como cuando se dice ofrece dinero o panes en el altar, sobre lo que no se hace nada. Por donde todo sacrificio es oblación (hay sacrificio, necesariamente  hay oblación. Porque el sacrificio se ofrece a Dios. Pero hay cosas que se ofrecen que no son sacrificios). Por eso se dice: “Por donde todo sacrificio es oblación, pero no al revés”. Y en el comentario a los salmos enseña santo Tomás lo mismo: “Todo sacrificio es oblación pero no toda oblación es sacrificio”.

         Por ejemplo las primicias, sean de la cosecha, de los animales del Antiguo testamento, son oblaciones porque eran ofrecidas a Dios (como se lee en Deuteronomio 26) pero no eran sacrificio porque no se hacía nada sobre las primicias de las cosechas o de las primicias del ganado.

 

         En tercer lugar: “Hay cosas que no son ni lo uno ni lo otro”

         ¿Qué cosas serán estos? Los diezmos. Propiamente hablando no son sacrificios ni oblaciones. Las limosnas. Porque no se ofrece directamente a Dios sino para las necesidades de los ministros del culto.

 

         Esto “más” que debe hacerse a las simple oblación para que llegue a ser sacrificio es lo que se conoce con el nombre de inmolación.

         Para que la oblación sea sacrificio, debe hacer sobre ella algo “más”, es decir debe hacer la inmolación. Entendida en sentido amplio como se lee por los ejemplos que pone Santo Tomás: “obsición (muerte para los animales), consumición (para los alimentos), efusión (para los líquidos), división y fracción (para los sólidos), etc.

         Y la inmolación puede hacerse de modo diverso, según que la víctima esté en especie propia (como en estos ejemplos que acabamos de poner) o en especie ajena (como lo está el Cuerpo y la Sangre de Jesús en el sacrificio eucarístico, que está bajo especie ajena no bajo especie propia sino bajo especie ajena ¿por qué? Porque está bajo la especie de pan y vino)

         Por lo tanto respecto al sacrificio incruento de la Misa, la revelación pública y oficial de la Iglesia, lo que pertenece al contenido de la Sagrada Escritura, declara que es inmolación.

         Esto se dice en varias partes: Lc., Mat., Mc.: “Este es el cáliz de mi Sangre que es derramada (esa es la inmolación) por vosotros”. Equinomio (Equinomio)  dice el texto griego, es decir inmolación.

 

         O sea, y acá está el aspecto del Misterio, que la Sangre de Cristo contenida en el Cáliz eucarístico, el cual no se derrama porque nunca se ha visto que el sacerdote pasa con la Sangre de Cristo derramándola del Cáliz, es Sangre derramada que no se derrama. ¿Cómo puede ser? Es contradicción. Es derramada y no se derrama.

         “Es derramada” ¿Cómo puede ser? ¿Si, de hecho, no se derrama, permanece en el Cáliz? La Sangre es derramada porque es misteriosamente separada del Cuerpo. Por razón de las palabras “ex…forum” la Sangre aparece sacramentalmente separada del cuerpo y por eso se dice que es Sangre derramada aunque por vía de concomitancia o de compañía sabemos que está unido porque es Cristo glorioso.

 

         Por razón del Sacramento, por razón del “ex…borum”, por razón de la fuerza de las palabras aparece separada por eso se dice derramada, porque es Sangre salida del Cuerpo.

         Por esto fundamentándose en la revelación, es decir en la Palabra de Dios, en lo que dice el texto sagrado, el Concilio de Trento afirmó solemnemente como dogma de Fe definido: “En este divino sacrificio se convierte e inmola aquel mismo Cristo que una sola vez se ofreció Él mismo cruentamente en el altar de la Cruz”

         Y en otra parte el mismo Concilio declara “que instituyó una Pascua nueva que era Él mismo, Cristo es nuestra pascua dice San Pablo, que había de ser inmolado por la Iglesia por ministerio de los sacerdotes bajo signos visibles”

         Él mismo había de ser inmolado bajo signos visibles bajo el signo del pan y del vino. Por eso enseñaba Tertuliano: “Cristo es inmolado de nuevo” y San Agustín: “Se inmoló una sola vez a sí mismo, sin embargo, en el Sacramento se inmola todos los días”

         Y no es que se multiplique la inmolación sino que se multiplica la presencia de la única inmolación cruenta que es la inmolación de la Cruz. Se multiplica de manera incruenta. San Pedro Crisólogo: “Este Cordero que todos los días y permanentemente es inmolado para nuestro Banquete”

 

         Y en la Plegaria Eucarística III dice: “Por cuya inmolación”. Es decir que ha de estar, el mismo cristo, por razón de las palabras bajo la especie de pan y por razón de las palabras sólo el Cuerpo. Y bajo la especie de vino, y por razón de las palabras, sólo la Sangre.

         Se sigue que en la Eucaristía está vigente una misteriosa separación de la Sangre del Cuerpo. O sea: en cada Santa Misa hay una inmolación mística presente. Por eso la Misa es verdadero y propio sacrificio como enseña el Concilio de Trento.

         Además la inmolación mística presente es memorial (por eso después de la Consagración se dice: “el memorial de tu pasión”, “el memorial”, “el memorial”. Siempre se usa la palabra memorial) es memorial de la inmolación cruenta pasada en el calvario y así es la Misa sacrificio relativo al único sacrificio absoluto de la Cruz.

 

         Por tanto, en cada Misa, Cristo incruentamente se inmola.

 

         Pidamos, por medio de la Virgen, la gracia de ir comprendiendo cada vez más lo que pertenece a la esencia del Oficio sacerdotal que es el ofrecimiento del sacrificio y comprender cada vez más lo que es el sacrificio, el Santo Sacrificio de la Misa.

 

 

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