Padre Carlos Miguel Buela ¿Quien es? ¿Que es el IVE?

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El padre Carlos Miguel Buela, I.V.E., es sacerdote desde el 7 de octubre de 1971. Desde el comienzo de su sacerdocio se avocó con ahínco a la pastoral juvenil, con la convicción de que la Iglesia se ocupa de los jóvenes “no por táctica sino por vocación”.    

Ha fundado el “Instituto del Verbo Encarnado” y el Instituto “Servidoras del Señor y de la Virgen de Matará”, rama femenina de la Familia religiosa “del Verbo Encarnado”. Ambos institutos cuentan con rama contemplativa y activa. VER MAS

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Evangelizando la Cultura… encuentro cercano con la “cultura Emo”
Hace poco, en el buffet de la comunidad de profesores del Centro de Estudios “San Bruno” y del Colegio romano “Juan Pablo II” de nuestro Instituto en Segni, me crucé con un par de padres nuestros, del “clero joven”, al que con mis cincuenta recién cumplidos ya no es que me pueda vanagloriar de pertenecer, y los escuché hablar de las “tribus urbanas”. Y allí escuché hablar de los “Emo” como una de las mismas, inspirada a una corriente de música rock-punk. Los cuales se tapan la cara con el pelo para no ver la realidad, aún a riesgo de atropellarse alguna dura realidad. En fin, como en mi ignorancia pregunté un poco más, me preguntaron ellos en qué burbuja vivo, y bueno, no es que uno viva en una burbuja, vive simplemente ocupado, muy ocupado con nuestra pequeña vida académica, en Segni. Pero no me hubiera nunca imaginado que tal diálogo fue la introducción a un, digámoslo en italiano, “incontro ravvicinato” con tal tribu. Acabo de buscar, y comparto, algo de lo que saqué recién, para informarme, luego de tal “encuentro cercano” en Wikipedia:

Emo:

Orígenes musicales: Hardcore punk, Post hardcore, Indie rock, Rock alternativo.

Orígenes culturales: Finales de los años 1980 en Washington DC.

Popularidad: No muy popular en la década de los 80 y 90, más popular en la década del 2000. Subgéneros: Screamo. Fusiones: Art rock.

El emo es un género musical derivado del post-hardcore nacido a finales de los años 80 y que se diferencia de éste por su sonido más lento y melódico. También está considerado una corriente del rock alternativo.

El término emo es un apócope de emotional hardcore o emo-core y hace referencia a las letras de los grupos del género, caracterizadas por abordar variadas emociones y estados de ánimo, buscando asimismo generar estas mismas emociones en el oyente. Para lograr una mayor expresividad utilizan en su música cambios de ritmo y crescendos, combinando en una misma canción estallidos de furia heredados del hardcore, con sonidos más apacibles.

Actitud de los grupos emo: Las bandas emo intentan no hacer música puramente comercial, ya que para ellos tratar de satisfacer a un público mayoritario con música 'artificial' o 'envasada', sería incompatible con expresar emociones genuinas. De hecho, tanto los conciertos de estos grupos como sus discos suelen tener precios bajos en comparación con los de otros artistas. Gran parte de los grupos de emo son contrarios a los artículos de merchandising musical, como camisetas u otros productos para ganar dinero.

Actualmente, el término emo se utiliza para identificar cierta actitud y ciertos patrones estéticos a menudo ajenos a la música emo-core y que no coinciden con el concepto original del término.

Historia: A lo largo de su historia, el emo ha pasado por varias etapas. A finales de los 80 el término emo se utilizaba para calificar a las bandas de post hardcore de Washington D.C. encabezadas por Fugazi. A mediados de los años 90, el género siguió los patrones sonoros creados por Sunny Day Real Estate. Hoy en día, algunas de las bandas más populares de este estilo son Dashboard Confessional, Thursday, Saves The Day, Amber Pacific, Silverstein y Jimmy Eat World.

Vestuario

El emo a menudo es asociado a un cierto tipo de moda relativa al vestuario skate. Actualmente, sea los chicos que las chicas a menudo usan vaqueros estrechos y adherentes, tienen un largo flequillo asimétrico en cabeza y los ojos disfrazados de negro. Son frecuentes camisetas adherentes que representan los band preferidos, cinturón con las tachas pintadas con tonalidades encendidas, zapatos de skater o en general zapatos negros, Convers o Van.

El vestuario emo lleva sus raíces de la escena hardcore punk americano de los años 80, justo dónde el emo en origen fue incluido, dónde sus interpretes siguieron el vestuario skater en estilo años 80, que diferentemente de aquel más reciente, se basó en prendas tendencialmente estrechas y adherentes, tatuajes, camisetas cortas y pelo corto o afeitado, y más bien no hubo huella del característico flequillo. El estilo hoy emo se ha distinguido de lo original sea en el look que en el estilo musical.

La reciente moda de los 'nuevos' emo ha condicionado las tendencias generales dónde hoy estas prendas son abundantemente utilizados y localizables en las tiendas. El primer look emo, es por lo tanto atribuible a la escena hardcore punk/post-hardcore y straight edge años 80, de otra manera de aquel más reciente, que si bien presenta muchos elementos en común, tiene más afinidades con la escena pop punk y melodic hardcore americano atribuible a los años 90/00.



Y aquí va mi crónica:



Serian las 16.30 y, sobre el tren que viajaba de Weezen a Düsseldorf, entre la modorra causada por el viaje, la hora y el impensado calor con que me encontré al aterrizar en esas latitudes de Alemania, al lado de la frontera holandesa, meditaba en la antífona de Laudes de este último viernes de Cuaresma, coincidente con el Evangelio de la Misa del día, que me había impresionado sobremanera: « Muchas obras buenas que vienen del Padre os he mostrado. ¿Por cuál de esas obras queréis apedrearme? » (Jn 10,32). Mirando la gente que en cada estación subía y ocupaba los asientos del vagón, y luego bajaba, y subía otra gente, pensaba en la fuerza de la queja de Jesucristo, a esos judíos que finalmente lo mataron, y a cada uno y a todos de esta marea humana que va y viene, que pasa por este mundo como por el tren que sigue su curso. El autor de todo bien, la bondad infinita de Dios que libre y generosamente ama incondicionalmente a todo ser humano, recibe el odio homicida de todo el que prefiere los bienes creados a la oferta de su amor de íntima y suprema amistad. Todo el que causa el mal moral, lo causa “per accidens”, porque quiere un bien particular para él, como si fuera su felicidad y fin último, como si fuera su felicidad eterna, queriendo que tal bien fuera infinito y eterno, en su “eternidad subjetiva”, en lugar del auténtico bien infinito y eterno, simplemente porque aquí y ahora, en la fugacidad de su caducidad temporal, la pasión, al amor propio, la soberbia o lo que sea lo lleva a ese querer libre y positivo, desordenado, y por eso no-quiere el bien verdadero y ordenado, y propiamente puede llegar a odiar y a eliminar todo obstáculo que a eso se opone, hasta la conciencia que se lo recrimina, y... hasta Dios, y al Hijo de Dios hecho hombre para salvarnos de tal desorden. Como el amante apasionado que se hace homicida por la concupiscencia, así nos comportamos los hombres con Jesucristo... « Muchas obras buenas que vienen del Padre os he mostrado. ¿Por cuál de esas obras queréis apedrearme? ». Aberración de malicia de nuestra humanidad deicida, que por los amores desordenados y las pasiones mata al amantísimo Jesucristo, y queriendo matar a Dios, mata nuestra amistad con El, mata al hombre, y lo mata de muerte eterna...

¿Cómo habrá experimentado Jesucristo en su alma humana, tendencialmente colmada de sobreabundante caridad perfectísima, incendiada por el mismo Amor divino, por el mismo Espíritu Santo moviendo con sus dones en modo inefablemente fuerte, al modo divino,... cómo habrá experimentado él tal amor rechazado, tal caridad doliente, y que le hace prorrumpir en esa pregunta y queja? « Muchas obras buenas que vienen del Padre os he mostrado. ¿Por cuál de esas obras queréis apedrearme? » Y cómo dan ganas, en el ámbito público como es la cabina de un tren, pararse a gritar y romper el “pensamiento único” de la cultura del indiferentismo, de la secularización de masa y de la apostasía colectiva, que hace que el tren de la historia de nuestras sociedades sea cada vez peor, pues aunque más moderno y veloz y lujoso y lleno de ciencia y técnica, está cada vez más lleno de personas más indiferentes, o alejadas de Dios, o malas o corrompidas... Aunque diversos, alemanes, holandeses, turcos –hay muchos aquí- chinos, latinos, americanos, hindus, filipinos, lo que sea, todos con la difusa común cultura global del ateísmo que se cambia en idolatría del materialismo. En fin, no me hubiera nunca imaginado que delante se me pondría en esos momentos una de las más curiosas “sub-culturas” contemporáneas.

Paró mi tren, el Regional RE10047, como lo venía haciendo en todas las estaciones, en una más, y al reemprender la marcha, se sentaron enfrente mío dos figuras increíbles. El de mi izquierda, tenía los cabellos lacios y finos teñidos de rojizo, de un lado de la cara los mismos le cubrían todo desde la frente al mentón, del otro estaban entrecortados de modo que podía ver y se le podía ver un ojo. En el pecho colgaba una Gillette, de las viejas, de una cadenita, y lucía bajo la misma, en la remera o shirt de fondo negro, la figura horrenda, monstruosa y gigantesca de la Bestia, que se alzaba entre esqueletos sonrientes con esa sonrisa vaga de malicia cómplice, ajena y esclava. El de la derecha, tenía una gorra a cuadritos chiquitos blancos y negros, de la que bajaban abundantes y negros los mechones de pelo igualmente atrás que adelante de la cabeza, de modo que miraba y hablaba como detrás de una cortina. Este era más gordito, y con su remera negra que no disimulaba los rollos contrastaba con el otro flaco y sobre todo con los esqueletos que aquél tenía dibujados. Ambos con brazaletes, del lado derecho un especial brazalete también a cuadritos. Y ambos con un bolso semejante también a cuadritos sobre las rodillas. El de la izquierda, tenía todos los cuadritos, de brazalete y bolso, rojos y negros, el de la derecha, el gordito, haciendo juego con su gorra, blancos y negros. Ambos con jeans negros ajustados, y ambos con zapatillas también iguales a cuadritos blancos y negros. El gordito, contrastando con su flácida figura, se distinguía también en que tenía en la muñeca izquierda un brazalete de “duro”, de cuero negro con tachones y puntas plateadas, pero de evidente factura de utilería, aunque él estaría contento, pensando “esta mi amigo no la tiene”... Ambos tenían sus bolsos y el gordo la gorra llena de pins muy particulares, en ambos repetidos los mismos motivos. El gordo, evidentemente de una tendencia más opulenta, sacaba intermitente más continuamente de su bolso una bolsita de caramelos y los engullía uno a uno. Tenía este también un pequeño reproductor de mp.3, del que se escuchaba sordamente una, valga la redundancia, música ensordecedora y machacantísima, claro, para sus orejas, ya que se introdujeron un audífono del mismo mp.3, cada uno. Cada tanto hablaban entre ellos, al parecer comentando la música, y parecían dos perros lanudos, tipo dos fox-terrier, comunicándose. Además de los consabidos pearcing en las orejas, el flaco de mi izquierda tenía dos aritos en el labio inferior, perpendiculares al mismo, de modo que salían de dentro de la boca envolviendo el labio y reentrando por abajo, lo que le daba aún más aspecto canino. Y yo me preguntaba, pensando, “Éste debe perder aire por ahí cuando sopla y cuando aspira”, “ciertamente no debe poder inflar un globo”... “ni silbar, a ver, flaco, probá de echarte un chiflido...”, “con la pérdida de presión de vacío este no podría tomar mate, si supiera lo que es el mate, claro”, “igual si lo sorbiera, se le debe escapar”... “¿se babeará por los agujeritos?”, “tiene desagüe incorporado para cuando se lava los dientes”, pensé eso, y otras cosas por el estilo que era para preguntarse y pensar ante ese tipo de accesorios.

Era evidente la jovencísima edad de los dos, unos “imberbes”, todo el pelo de la cara les caía de arriba, y, si a despecho de la Gillette colgada no se habían afeitado, podían muy bien cantar “tres pelos tiene mi barba, mi barba tiene tres pelos”... en su punk-rock hardcore o más o menos melódico, siempre insoportablemente y estridentemente ruidoso. Mas lo más insoportable, intolerable, absolutamente, era la horrenda imagen de la Bestia y sus cadáveres humanos en la shirt del flaco de la iquierda. El martes 31, justamente, en clase, había estado hablando sobre la contrapartida del “cuerpo místico” unido a Cristo en su gracia capital (S. Th. III, 8), el “cuerpo místico” del demonio, y su miembro principal, el Anticristo, en el que la malicia humana será consumada, malicia que ya en el demonio y sus condenados, es eterna y definitiva, y constituye la asombrosa y definitiva y eterna presencia del mal moral en el universo creado... falla horrorosa y definitiva de la creatura espiritual, que sólo extrínseca y accidentalmente habrá de dar gloria a Dios, mas será en sí para siempre mala, y dañada...

Después de observarlos un rato, y con la queja de Jesucristo en el alma y en los oídos por la palabra de Dios de ese día, no pude más con el “políticamente correcto” de la moderna onda de que cada uno haga lo que quiera y se vaya al infierno con su libertad y todo. Especialmente en este país del “cristianismo anónimo”, del “existencial sobrenatural” y del “ateísmo salvífico” del cara-de-subjetividad-vacía de Karl Rahner. Y, viendo con una pena infinita que no podía dejar a esos dos pibes así nomás, me incliné hacia ellos y les pregunté si sabían cuánto faltaba hasta Düsseldorf. Desde atrás de sus cortinados atisbé que me miraban, y... bueno, desde tal “punto de vista” cultural, se habrán admirado ellos también, produciéndose lo que se llama el intercambio, encuentro o choque cultural, o encontronazo quizás, que es inevitable en toda primera evangelización. Lo que ellos veían, en este mundo multiétnico, pluralista, polimodal, plurifacético -sobretodo en este caso-, y polivalente, en vez de un pelo que tapaba para abajo la cara, era una cara que seguía para arriba y arriba, sin pelo, y bueno, eso sí, todo “dark” para abajo, ensotanado en negro como yo andaba. Y con algo de blanquito también, el cuellito eclesiástico. En fin, el “diálogo de salvación” debe empezar por algo común, una base real compartida, y aquí era el tren y su marcha hacia Düsseldorf... ¿No hizo así Jesús con la samaritana, sentado al mediodía al borde del pozo de Jacob? “Dame agua”. Aunque ella era de la “tribu” de los samaritanos...

Apenas me habían contestado, diciéndome el horario, en un “quiero y vale cuatro”, me jugué y abordé el tema, la vanidad insuficiencia y malicia de la “cultura” de la moda en que se hallan. Así, les mandé la segunda pregunta: ¿qué significa todo esto?, señalándoles los atuendos que llevaban. ¿Qué son ustedes? Entonces el gordito me dijo que ellos eran “Emos”, que eran como un club o tribu especial, por eso se vestían así, y el flaco asintiendo y para más demostración, tomó la Gillette colgada al cuello y me la presentó, como diciendo, “este el nuestro signo, ¿no te das cuenta?”. Su cara y sonrisa de adolescente aniñado, aún medio escondida detrás de la catarata de pelo, contrastaba con el demonio de su t-shirt, y eso me animó más al abordaje. Entonces les dije: miren, si quieren distinguirse, ser distintos, no ser como los demás en este mundo, lo mejor que pueden hacer es seguir a Jesucristo, él sí que contradice al mundo. Saqué un folleto del IVE y les mostré las fotos: “miren estos jóvenes, cómo son distintos, estos sí que son distintos de todos, distintos del mundo, y se han dado a la aventura verdadera, la misión, la aventura auténtica, seguir a Jesucristo, contradiciendo el mundo”. Todo eso que ustedes tienen, en el fondo, es “Konsumgesellschaft” sociedad de consumo. ¿No les parece superficial, “oberflachlich”? Con cara medio de culpa, ambos asintieron. Además, señalando la horrenda imagen de la remera del flaco, dije “eso sí que es malo, no tenés que llevar eso”. El flaquito se disculpó diciendo que se usa... no sabía...

Miraban con atención las fotitos del depliant. “Miren, África, Asia, América, eso es aventura, ir a buscar a los que más necesitan, ayudar a los hombres, hacer el bien, siguiendo a Jesucristo”. En fin, no me esperaba que quedaran tan fácilmente asombrados y disponibles para escucharme, así que les pregunté de dónde eran, los estudios, religión, etc. Uno era protestante, el gordito Frederich, el otro católico, Pascal, ambos alejados y no practicantes, compañeros de colegio, dieciséis años, muy simples, uno quería luego ser panadero, pero de masas finas, “pasticciere” se diría en italiano,-¿adivinan? Siii, el gordito!-, el otro técnico. Me prometieron que para Pascua irían a Misa, me aceptaron la medallita milagrosa (igual el protestante), y que los bendijera, y así llegó el tren a Düsseldorf, y me despedí de mis dos amiguitos “Emos”, que allí se fueron caminando por la estación de tren, a la “ciudad moderna”, la selva “salvaje” de las tribus modernas de estas sub-culturas, ¡¡¡que también hay que evangelizar para Jesucristo!!! Les pido oraciones por Frederich y por Pascal, y por todos los chicos y adolescentes víctimas de la espantosa ateización consumística y materialista de nuestra civilización urbana que humanamente y religiosamente ha retrocedido para ser de cavernícolas tribales, en vez de ciudad de santos y héroes. Pero los cavernícolas tribales están esperando, en el fondo de su extravagante búsqueda de sentido, que se les muestre a Jesucristo, en quien la vida y toda la realidad alcanza su real sentido y significación, y fin. Chau. ¡Felices Pascuas!

 
 

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