Padre Carlos Miguel Buela ¿Quien es? ¿Que es el IVE?

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El padre Carlos Miguel Buela, I.V.E., es sacerdote desde el 7 de octubre de 1971. Desde el comienzo de su sacerdocio se avocó con ahínco a la pastoral juvenil, con la convicción de que la Iglesia se ocupa de los jóvenes “no por táctica sino por vocación”.    

Ha fundado el “Instituto del Verbo Encarnado” y el Instituto “Servidoras del Señor y de la Virgen de Matará”, rama femenina de la Familia religiosa “del Verbo Encarnado”. Ambos institutos cuentan con rama contemplativa y activa. VER MAS

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Pedro crucificado boca abajo

          Varios son los temas relacionados con los últimos tiempos de San Pedro estudiados por los biblistas, historiadores, arqueólogos, paleógrafos, etc. Podemos reducirlos a cinco:

          1º. Sin duda San Pedro vivió en Roma;

          2º. San Pedro murió en Roma;

          3º. Fue crucificado cabeza abajo;

          4º. Fue sepultado en Roma;

          5º. Bajo el altar papal de la Basílica de San Pedro se encontraron sus huesos.

 

          Quiero tratar, solamente, el punto 3º, mencionando brevemente los otros puntos.

 

                    1º. Sin duda San Pedro vivió en Roma.

 

          El mismo Pedro en su 1ª encíclica, implícitamente, lo supone: “Os saluda la que está en Babilonia, elegida como vosotros, así como mi hijo Marcos” (5,13). “Ésta ‘Babilonia’ no puede ser más que un nombre convencional de Roma”[1]. Además, la estancia de Marcos en Roma consta por San Pablo: “Os saludan Aristarco, mi compañero de cautiverio, y Marcos, primo de Bernabé…” (Col 4,10) y: “Te saludan Epafras, mi compañero de cautiverio en Cristo Jesús, Marcos, Aristarco, Demas y Lucas, mis colaboradores” (Flm 23-24). Según una tradición antiquísima de Papías, Marcos escribió en su Evangelio la predicación de San Pedro en Roma.

         

          “No os doy yo mandatos como Pedro y Pablo. Ellos fueron Apóstoles; yo no soy más que un condenado[2].

 

          Baste con el testimonio de un protestante: negar que Pedro estuvo en Roma es un error reconocido hoy como tal por todo investigador que no se ciegue a sí mismo[3].         

 

                    2º. San Pedro murió en Roma;

 

          San Clemente Romano afirma: “Estaba Pedro, que, por causa de unos celos injustos, tuvo que sufrir, no uno o dos, sino muchos trabajos y fatigas, y habiendo dado su testimonio, se fue a su lugar de gloria designado. Por razón de celos y contiendas Pablo, con su ejemplo, señaló el premio de la resistencia paciente. Después de haber estado siete veces en grillos, de haber sido desterrado, apedreado, predicado en el Oriente y el Occidente, ganó el noble renombre que fue el premio de su fe, habiendo enseñado justicia a todo el mundo y alcanzado los extremos más distantes del Occidente; y cuando hubo dado su testimonio delante de los gobernantes, partió del mundo y fue al lugar santo, habiendo dado un ejemplo notorio de resistencia paciente”[4]... “A estos hombres de vidas santas se unió una vasta multitud de los elegidos, que en muchas indignidades y torturas, víctimas de la envidia, dieron un valeroso ejemplo entre nosotros”[5].

 

          San Ireneo de Lyon afirma: “Pedro y Pablo evangelizaban Roma y fundaban la Iglesia. Después de la muerte de estos últimos [en Roma] Marcos transmitió por escrito lo que Pedro predicó[6].

 

          Dionisio de Corinto[7], y el célebre texto de Gayo, presbítero romano del siglo II, quien escribiendo a Proclo, catafrigio de la secta de Montano, quien decía que sus doctrinas eran apostólicas porque entre ellos estaba el sepulcro del Apóstol Felipe y sus hijas, le contesta: “Io posso evidentemente additarti i ‘trofei’ degli Apostoli. De che se tu voglia andare al Vaticano o alla via Ostiense troveraii ‘trofei’ di coloro, che questa Chiesa fondarono”[8]. Los ‘trofeos’ eran los sepulcros.

         

          Tertuliano a principios del siglo III lo confirma expresamente: “Pedro fue crucificado y Pablo decapitado”[9].

 

          El protestante Oscar Cullmann confirma que San Pedro: “vino a Roma…y que murió mártir en esta ciudad bajo el imperio de Nerón…”[10].

 

          El obispo ortodoxo Casiano Besobrasoff sostiene que San Pedro estuvo en Roma ciudad en la que murió[11].

 

                    3º. Fue crucificado cabeza abajo.

 

Eusebio de Cesarea enseña: Pedro parece que predicó en el Ponto, en Galacia, en Bitinia, en Capadocia y en Asia a los judíos en la dispersión y, finalmente, cuando llegó a Roma, fue crucificado invertido, como él mismo había creído conveniente padecer”[12].

 

          Los apócrifos añadieron detalles provenientes tal vez de auténticas tradiciones históricas. En los Hechos de Pedro, escrito en los últimos años del siglo II, su autor afirma que fue voluntad de Pedro el ser crucificado cabeza abajo, ya que no se consideraba digno de sufrir el mismo tormento que sufrió el Señor (cfr. cap. 37). Orígenes testimonió de manera parecida: Finalmente [Pedro], habiendo venido a Roma, fue crucificado cabeza abajo; porque él mismo solicitó que quería sufrir de esa manera”[13].

 

          San Jerónimo: “[De manos de Nerón, Pedro] recibió la corona del martirio, siendo clavado a la cruz, con su cabeza hacia el suelo y sus pies hacia arriba, asegurando que él no era digno de ser crucificado del mismo modo que lo había sido su Señor”[14].

 

          San Juan Crisóstomo: “Gózate, Pedro, a quien fue concedido saborear el madero de la cruz de Cristo. Y a semejanza del maestro tu quisiste ser crucificado, mas no en forma recta como Cristo el Señor, sino con la cabeza vuelta hacia la tierra, casi como mostrándote encaminado de la tierra al cielo”.[15]

 

          Así se lo recuerda muchas veces en donde está su sepulcro:

 

-        En la puerta central de entrada llamada de Filarete, en la puerta derecha abajo.

-        En el techo del atrio, medallón de estuco de Ricci (1º del NE).

-        En la Capilla del Coro, en la pared E., del lado S., en la 5ta. sede desde el centro, tallada en madera de nogal.

-        En el transepto S., el altar de la crucifixión de San Pedro (a la izq. del altar de San José). El cuadro es de un original de Guido Reni.

-        En la semiesfera del ábside, sobre el altar de la Cátedra, a la izquierda, medallón sobre diseño de Luigi Vanvitelli.

-        En la Confesión, en la pared O., entre la imagen de San Pedro y el cancel.

-        En la puerta izquierda del Nicho de los Palios.

-        En el deambulatorio de las Grutas, en la Capilla Clementina o de San Pedro, el lugar más próximo a la tumba de San Pedro donde puede celebrarse la Santa Misa, sobre la vertical de la tumba del Apóstol Pedro, cuyo fondo está pared a pared de la Confesión del Apóstol. Esta Capilla es el monumento más grandioso de la cruz en que murió mártir San Pedro, tiene forma de Cruz latina dada vuelta, o sea, con el palo transversal más abajo: es de 6,30 m de largo, 1,40 m de ancho, y 2,60 m de alto. El techo en la vuelta de los cruceros tiene la representación del símbolo del martirio de Pedro.

-        En el corredor S. de acceso a la Confesión un martirio de Ricci.

-        En el Museo del Tesoro, en el tríptico ‘Stefaneschi’, panel izquierdo.

- El ‘Ciborio de los Apóstoles’, también llamado ‘Ciborio de Sixto IV (1471-1484)’, que era el baldaquín en sobre relieve de mármol del altar mayor sobre la tumba de San Pedro, en la antigua Basílica constantiniana, hoy día recompuesto en el primer Octógono de Simón Mago, sobre la pequeña nave al E. de la Capilla de la Virgen de la Columna, obra de Pablo Romano (1415 ca-1470) y discípulos. En la ‘Crucifixión de San Pedro’ el Apóstol sobresale al centro crucificado cabeza abajo. Hay una variada masa de hombres, mujeres y niños, soldados de a pie y a caballo, trompetistas y animales: un total de 35 presencias, en siete profundidades diversas. Al fondo hay un árbol (tal vez un roble, por el apellido del Papa della Rovere) y a la derecha la ‘pirámide’ de Rómulo (meta Romuli) o Escipión (se encontraba entre la Basílica de San Pedro y el Castillo del Ángel, hoy desaparecida), y a la izquierda la pirámide de Cayo Cestio (meta Cestii), vecina a la Puerta de San Pablo[16].

 

                        4º. Fue sepultado en Roma.

         

Se ve su tumba.

 

            5º. Bajo el altar papal de la Basílica de San Pedro se encontraron sus huesos.

 

          Y se ven sus huesos.

 

Pedro…

 

No siempre navegaba

según su arbitrio: alguna vez, un viento

de incierto origen y de humor venático,

lo arrastró a imprevisible derrotero.

Mas nunca para mal; y a gran fortuna

en la postrer salida.

 

Siendo viejo,

a punto, ya, de coronar la suma

autoridad con el honor supremo,

se acordará del Viento ingobernable.

 

Sobre las vigas de su cautiverio,

a ras de los caminos imperiales,

lo sentirá cimbrar; y oirá un revuelo

de águilas y de togas; y la infame

algazara del circo. En el recuerdo

adorable, también oirá, concreta,

clara, la obscura frase del Maestro:

 

-En verdad, en verdad te digo, Cefas:

cuando más joven, eras tú muy dueño

de ceñirte y de andar por dondequiera:

extenderás, un día, siendo viejo,

tu diestra y tu siniestra[17];

y otro, no tú, te habrá ceñido y puesto

donde tú no quisieras[18].

 

            Nos enseñas San Pedro con tu muerte:

 

-        la fidelidad a Cristo hasta le efusión de sangre,

-        la intrepidez de tu fe,

-        el ardor de tu caridad,

-        a vivir dejándonos llevar dócilmente por el Viento ingobernable,

-        la humildad de no considerarse digno de sufrir el mismo tormento que Cristo,

-        el coronar la suma autoridad con el honor supremo,

-        el confirmar la fe de los hermanos para siempre,

-        como mostrándonos siempre encaminado de la tierra al cielo, y…

-        ¡Oh, Pedro, al mirar el mundo de al revés lo habrás visto, por primera vez, al derecho!

  


 

[1] F.Vizmanos-I. Riudor, Teología fundamental, BAC 1963, 660.

[2] Ignacio de Antioquia, Carta a los Romanos, IV, 3 (BAC; Madrid 61993) pág. 477. 

[3] Harnack, citado por Cullmann, S. Pierre 65.

[4] Clemente Romano, Epístola a los Corintios I, 5.

[5] Ibidem, 6.

[6] Ireneo de Lyon, Contra los Herejes, Libro III, 1,1. (Les Editions du Cerf; Paris 22002), 23. “Ainsi Matthieu publia-t-il chez les Hébreux, dans leur propre langue, une forme écrite d’Évangile, à l’époque où Pierre et Paul évangélisaient Rome et fondaient l’Eglise. Apres la mort de ces derniers, Marc, le disciple et l’interprète de Pierre, nous transmit lui aussi par écrit ce que prêchait Pierre” Ireneo de Lyon, Contra los Herejes, Libro III, 1,1. (Les Editions du Cerf; Paris 22002), 23.

[7] J. Madoz, SJ, El Primado Romano, 7.

[8] Eusebio, ST. Eccl., Libro II, c. 25, 76.

[9] Scorpiace XV, 6.

[10] Saint Pierre, 172.

[11] Saint Pierre et l’Eglise dans le N.T., en ‘Istina’ 2 (1955) 271-272.

[12] Eusebio de Cesarea, Historia Eclesiástica, Libro III, cap. I, 2.

[13] Eusebio, 3,1,1-3; Mazod, 17.

[14] Vidas de hombres ilustres, I.

[15] Sermón desde Metafraste, MG 59, 494. (Ver más testimonios en www.apologetica.org ).

[16] Cfr. La Basílica de San Pedro, Testi-Schede, Franco Cosme Panini, Modena 2000, 812.

[17] “Extender las manos”, expresión que se encuentra también en autores romanos como Séneca, indicaba la crucifixión.

[18] A. Vallejo, O.F.M., Pedro, en Roque Raúl Aragón, La Poesía Religiosa Argentina, Ed. Culturales Argentinas, 1967, 131-132.

 
 

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