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CAPÍTULO V: Las respuestas del joven

4. La creatividad y el tiempo libre

 

"Jóvenes... No intentéis nunca ignorar

la fuerza irresistible que os empuja hacia el futuro".

(A los jóvenes en Lima, Perú).

 

Esta cualidad especialísima y, diríamos, casi específica del hombre es una cualidad que sobresale o que debe sobresalir en los jóvenes.

Dios es el creador. Pero el hombre es imagen de Dios y, por tanto, también de algún modo es creador. Es "creador". De manera semejante a como Dios tiene creatividad, el hombre tiene creatividad.

Miremos por un momento la creación, es decir, "lo creado". ¿No es maravilloso? Miremos las montañas con sus cumbres bañadas en nieves eternas; miremos los mares y océanos con el agitarse continuo de sus olas gigantescas; miremos el curso de los astros y la luminosidad titilante y cautivadora de las estrellas; miremos el esplendor y la energía imponente del fuego, junto con la potencia arrolladora de los manantiales y torrentes; miremos las maravillas infinitas del mundo animal... Eso, todo eso, ha sido creado. O, mejor dicho, está siendo creado. Si Dios dejase por un momento de "pensar" en el universo, éste dejaría inmediatamente de existir. Y esto significa que en la enorme potencia y energía avasallante del conjunto admirable del universo, una mirada limpia y unas manos sabias pueden "ver" y "palpar" la frescura de la omnipotencia de Dios. "Sus manos son recientes en la rosa", sus manos son las que con su ardor encienden el fuego y calientan el sol, sus manos son las que sostienen las montañas y mueven acompasadamente las aguas de los mares, a la vez que regulan sabiamente los caminos de los astros y planetas...

Lo que salta a la vista es, evidentemente, el enorme poder, la fuerza infinita que se transmite a todas las cosas y les confiere un dinamismo impresionante.

Miremos por un momento al joven.

Miremos el enorme potencial humano que se esconde en los latidos de su corazón; miremos las energías escondidas de la sangre que circula por sus venas, la vitalidad incontenible capaz de lanzar su espíritu a las más increíbles aventuras... Miremos todo eso y descubramos allí también, fresca, muy fresca, la corriente infinita de vitalidad de Dios creador que se comunica a los hombres.

El joven es un ser humano. El joven es imagen de Dios. El joven es "creador".

No podrá, evidentemente, hacer algo desde la nada, como hace Dios; no podrá sostener la realidad con su voluntad o con su amor, como hace Dios; no podrá decidir quiénes son los nuevos seres que habrán de venir al mundo, como hace Dios. Pero sí podrá hacer siempre cosas nuevas transformando y modificando el curso normal de la naturaleza, respetando sus leyes, para colaborar con la obra creadora de Dios. El joven, como Dios, tiene inteligencia y voluntad; por eso tiene la capacidad de querer, de hecho, realizar cosas que, si su voluntad no hubiera colaborado, no se realizarían, y tiene también la capacidad de configurar y estructurar dichas cosas.

Ya tenemos los elementos necesarios para comprender lo que se quiere decir cuando se afirma que el hombre tiene creatividad. Es muy importante diferenciarla de la creación propiamente dicha: Creador (sacar algo de la nada) es propiamente Dios: sólo Dios, por su omnipotencia puede con su voluntad crear de la nada. La creatividad también es algo creado por Dios. Es la cualidad por la cual comunica al hombre, al dotarlo de inteligencia y voluntad, la capacidad de combinar elementos ya existentes que originan algo que antes no existía. En la creatividad hay una elaboración, una producción a partir de algo. El hombre no es, entonces, capaz de crear al modo de Dios. Ni remotamente. Pero Dios ha dado al hombre la capacidad de poder imitarlo en su actividad creadora. Para ello le ha dado una "chispa" que lo hace semejante a su divinidad: la inteligencia, con la cual escruta y desentraña los aspectos últimos de lo que es; le ha dado memoria, con la cual puede almacenar, como si se tratase de un cofre, las increíbles maravillas de la creación; le ha dado imaginación, para que, a semejanza de Él pueda "crear".

X X X

La creatividad se puede ejercitar en todos los ámbitos donde el joven se desempeña: en la ciencia, en la técnica, en el arte, en la historia, en la arquitectura, en la medicina, en el uso de los tiempos libres... No se restringe a un solo campo; tampoco a determinadas personas ni a determinados estratos socio-culturales. Si una persona –joven o no, rica o no– se dijese a sí misma: "Está muy bien lo de la creatividad, pero yo no soy creativa. No se me ocurre nada", no estaría diciendo la verdad. Cada ser humano, por el hecho de serlo, está en condiciones de realizar –en mayor o en menor medida– un "proceso creativo", el cual le permitirá descubrir sus potencialidades y ponerlas al servicio de los demás.

Cada persona entonces es poseedora de un enorme caudal de potencialidades, que hay que saber descubrir y aprovechar. ¿Cómo hacerlo? Para ello no se necesitan grandes elaboraciones ni elucubraciones. Sólo dejar que la mente explore en dos direcciones: en su interior, y en el mundo exterior. La exploración mental se refiere principalmente a descubrir en el interior lo que se posee, lo que se ha adquirido con la experiencia, lo que ya está almacenado como conocimiento, o como dato de la memoria que debe ser actualizado. La exploración exterior debe dirigirse principalmente a la naturaleza: es sabido que la inmensa mayoría de los inventos, como el avión, el automóvil, los barcos, han surgido como "copias técnicas" de lo que la naturaleza ofrece al hombre. De estas dos direcciones pueden acumularse datos, imágenes, que no necesariamente deben ser utilizados en el momento, sino que pueden ser dejados para cuando el proceso creativo surja en algún momento. Lo que se consiguió con esa "exploración", debe ser ahora procesado: este proceso requiere pasos posteriores: combinación, agregación, elaboración, eliminación, modificación, sustracción, adición; en definitiva, creación (que en términos humanos se llama "creatividad"). Para ello el hombre debe usar de su memoria, de su imaginación, de su inteligencia, de su fantasía. De esa forma, se asocia a quien posee la fantasía más fecunda y hermosa: Dios.

La creatividad en sí, refleja una actividad del espíritu, y como tal, debe ser puesta al servicio de lo noble y de lo bueno. Puede orientarse a fines meramente materiales (como sería por ejemplo el caso de un taller de arquitectura, en el que lo que se crea, lo creado, es vendido), pero se desvirtuaría todo el proceso si la creatividad personal fuese puesta pura y exclusivamente al servicio de lo "rentable". Una dura visión economicista y materialista del proceso creativo terminaría por anular el aspecto que más hace que el hombre se asemeje a Dios cuando crea: la Belleza. Quedaría en este caso vinculado a otros factores, absolutamente extrínsecos, que en nada contribuyen al proceso en sí, y que, condicionándolo desde dentro, provocarían su envilecimiento.

La posibilidad de producir algo nuevo –si bien a partir de lo que ya existe– es un don que proviene de Dios. Esa creatividad tiene que hacerse un estilo de vida. Hay que vivir también la propia vida creativamente. Para eso también hay que mirar hacia adentro y, sobre todo, mirar hacia afuera... ¿a quién? A Jesucristo. En Él la creatividad de Dios llega al punto máximo. Si lo imitamos a Él en nuestra vida, experimentaremos a velas desplegadas lo que significa la frescura de la plenitud de la creatividad y de la plenitud de la juventud de Dios.

Ser joven también puede ser visto como un don.También es un don la energía arrolladora que hace de nuestros espíritus un reflejo de la juventud eterna de Dios.

¿Hay, acaso, cosa más absurda que un joven aburrido, un joven incapaz de llenar creativamente sus tiempos libres? ¿Por qué no leer a los clásicos de la literatura universal? ¿Por qué no especializarse en conocer alguna escuela de pintura o algún pintor de fama? ¿Por qué no aprender a gustar de la música culta, del bel canto, de la ópera, del ballet? ¿Por qué no leer a los grandes traumaturgos del teatro universal? ¿Por qué no aprovechar buenas guías o la W.E.B. por internet para recorrer los grandes museos del mundo? ¿Por qué no hacer obras de caridad concretas con los pobres, los enfermos, los solos, los necesitados? Hay tantas cosas hermosas y edificantes que podrían transformar nuestras vidas, ¿por qué no cambiar?.

La juventud guarda una estrechísima relación con la creatividad; es más, siempre la creatividad es indicio de que detrás de ella hay un alma joven. Si un joven no vive creativamente, si se deja llevar por la masa y las modas, si no sabe más que repetir lo que hacen todos y se deja caer en la pendiente de lo fácil, no será un joven creativo; es decir, no será un joven. Por fuera, tal vez, lo parecerá; pero llevará la vejez en el alma.

El corazón de un joven palpita con una potencia poderosísima que debe ser bien encauzada. Si se la encauza bien, si se la orienta hacia lo nuevo y lo inédito, hacia la superación permanente de las distintas barreras y dificultades que el mundo nos depara, esa fuerza será capaz de transformar al mundo desde dentro y elevarlo, como la levadura escondida en la masa.

Queridos jóvenes, vivan su juventud creativamente; sean capaces de jugarse por entero por aquellas cosas que valen la pena; sean capaces de arrojarse siempre a la aventura de lo nuevo, de lo inédito, de lo inimaginado...

Pero para vivir realmente así hace falta siempre recordar que sólo Dios puede sacar cosas de la nada y que el hombre –el joven– sólo puede crear contando con esa corriente inmensa de energía que procede de la mano de Dios. En consecuencia, queridos jóvenes, si quieren ser siempre jóvenes, jamás se opongan al plan de Dios. Al contrario, entréguense con toda su fuerza a los impulsos del Espíritu de Dios. Con su fuerza transformarán al mundo, comunicándole nueva vida.


NOTAS:

1Discurso de Juan Pablo II en Manila, Filipinas el 22-02-1981, Caminando con el Papa, p.38. Ed. Estel-Forja, mayo de 1989, Lérida, España.

2 Discurso de Juan Pablo II en Costa de Marfil, op. cit. p. 16.

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