CAPÍTULO V: Las respuestas del joven
3. Amigo...
"Quizá alguno de vosotros ha conocido la duda y la confusión;
quizá habéis experimentado la tristeza y el fracaso
cometiendo pecados graves.
Éste es un tiempo de decisión.
Ésta es la ocasión para aceptar a Cristo:
aceptar su amistad y su amor".
(Auckland, Nueva Zelandia, 30-11-1986).
Pocas palabras hay tan hermosas como la palabra: ¡Amigo... amiga!
¿Qué es la amistad?
Amistad es una manera especial del amor, llamada "amor de benevolencia", que consiste en desear el bien al otro. Cuando la benevolencia es correspondida hay verdadera amistad.
Decía Aristóteles que la amistad "es la cosa más necesaria en la vida. Sin amigos nadie escogería vivir, aunque tuviese todos los bienes restantes, es la cosa más hermosa".1
Grandes amigos fueron el rey David y Jonatán: "Apenas terminó de hablar David a Saúl, el alma de Jonatán se apegó al alma de David, y lo amó como a sí mismo (...) Juró de nuevo Jonatán a David por el amor que le tenía, pues lo amaba como a sí mismo" (1Sam 18,4; 20,17).
Abraham y Dios: "No nos retires tu misericordia, por amor a Abraham, tu amigo" (Dn 3,35).
1. Amor de elección
Por tanto: amigos "son dos que marchan juntos, son más poderosos para la acción y el pensamiento"2. El amigo es un don, un regalo del cielo.
El amigo se encuentra, y se encuentra de la manera más inesperada y única, casi del mismo modo fortuito con el que alguien encuentra un tesoro: "el que lo encuentra, encuentra un tesoro" (Si 6,14).
La amistad es un amor de predilección, un amor que llega a hablar cara a cara, como cuando Moisés hablaba con Dios: "Así hablaba Yahvé con Moisés cara a cara, como suele hablar un hombre con su amigo" (Ex 33,11).
En este sentido, ¿qué mejor amigo podemos tener que Jesucristo? Jesús tuvo muchos amigos e hizo sólo a algunos más próximos a sí que el resto: "Y subió a la montaña, y llamó a los que Él quiso, y vinieron a él. Y constituyó a doce para que estuviesen con Él" (Mc 3,13).
Cristo elige a su amigos. Su amistad es un amor de elección: "No son ustedes los que me eligieron a mí, sino yo el que los elegí a ustedes" (Jn 15,16): Cristo es verdadero amigo, más aún, es el Único amigo que nunca falla.
Decimos que tenemos un amigo, o somos amigos de alguien, cuando esa persona está presente, está junto a nosotros. Aunque muchas veces el amigo no está justo cuando lo necesitamos; pero, en cambio, Cristo está presente íntimamente, siempre y en todas partes: "Aun cuando anduviera en medio de una sombra de muerte, no temeré males; porque tú estás conmigo" (Sal 22,4).
2. Sin secretos
Cosa muy propia de la amistad es, sin duda, conversar con el amigo; y no sólo el conversar, sino que también es propio de la amistad, a causa de la unión de corazones que se tiene, el revelar al amigo sus secretos3. Por tanto, por esta unión de corazones, la amistad exige que todo lo que el amigo posee, lo comunique a su amigo. Por eso se revelan al amigo los secretos más íntimos del corazón.
Esto, ¿es posible? ¿Acaso no hay cosas que están reservadas a la absoluta intimidad de un alma con Dios? Dice San Agustín: "Cuando veo a alguien inflamado en la caridad cristiana y siento que por ella se hace amigo mío fiel me hago cargo de que todos los pensamientos míos que le confío no se los confío a un hombre, sino a Dios, en quien él permanece; pues «Dios es caridad y quien permanece en Dios, Dios está en él»"4.
Dios mismo es amigo de los hombres con un corazón de carne. Cristo es verdadero amigo, porque todo lo que tuvo nos lo comunicó: su divinidad y su humanidad. No en vano Cristo nos dice: "No os llamaré ya siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor; mas a vosotros os he de llamar amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre, les he dado a conocer" (Jn 15,15).
3. El amigo nos hace feliz
Es propio de la amistad sentirse feliz en presencia del amigo, alegrarse de sus dichos y hechos y encontrar en él consuelo en todas las aflicciones; por eso en las tristezas buscamos principalmente el consuelo en los amigos.
Dice en el Libro de los Proverbios: "La dulzura del amigo consuela el alma" (27,9). Y un santo recomienda como uno de los remedios a las amarguras de la tristeza el buscar al amigo, porque "en el hecho mismo de que los amigos se contristen con él, conoce que es amado por ellos"5.
Cristo es verdadero amigo porque Él nos dice: "Venid a mí todos los que estéis afligidos y agobiados y yo os aliviaré. Cargad sobre mí vuestro yugo porque soy manso y humilde de corazón" (Mt 11,28-29).
4. La fidelidad del amigo
"Todo amigo con su amigo, crea, al confiársele, un ámbito de interioridad compartida. Romperla, abrir una brecha, es depojar y arrojar a la intemperie los espacios más íntimos de un alma"6.
"El amigo fiel no tiene precio, es incalculable su valor. El amigo fiel es remedio de vida, los que temen al Señor lo encontrarán. El que teme al Señor es fiel a su amistad, porque como él es, así será su amigo" (Si 6,15-17).
Es propio de la amistad consentir en los deseos del amigo; corresponde, por tanto, al amor con que amamos a Dios, el amor de amistad, cumplir sus mandatos, porque el verdadero amor es aquel que se manifiesta y prueba con obras: "obras son amores y no grandes razones". Como enseña San Gregorio Magno, el amor de amistad hace cosas grandes: "El amor no está nunca ocioso. Cuando existe, obra grandes cosas; pero si no quiere obrar, no hay tal amor"7. Como dice San Juan de la Cruz, el amor es creador: "Donde no hay amor, ponga amor, y sacará amor". ¿Te parece que no te aman? ¡Amá! ¿Te parece que no te tienen en cuenta? ¡Amá! ¿Considerás que se olvidan de vos? ¡Amá! ¿Que no te comprenden? ¡Amá!
5. Dar la vida
El hombre considera al amigo como otro yo; es necesario, por consiguiente, que le ayude como a sí mismo, dándole participación en sus cosas. Por eso es propio de los amigos hacer bien a los amigos. La verdadera amistad se funda en el amor. El centro de gravedad de todo amor, para ser eterno, debe salirse del hombre, para clavarse decididamente en el que es de verdad Eterno, "sólo no podrá perder al amigo quien tiene a todos por amigos en Aquel que no puede perderse"8: Dios mismo. La amistad es amor para seres crecidos, criaturas que se hayan desplegado en esfuerzo tenso, alcanzando estatura de Cruz.
Esto sucede sobre todo con Cristo, que "habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo los amó hasta el fin" (Jn 13,1). "Nadie tiene amor más grande que el que da su vida por sus amigos" (Jn 15,13).
6. Misterio de la amistad
¿En qué radica, cuál es el fundamento de la verdadera amistad? La verdadera amistad consiste en la licuefacción del corazón, que se opone a la congelación o dureza del corazón. La licuefacción o derretimiento importa cierto ablandamiento del corazón, que le hace hábil para que penetre en él la persona amada. Así pues cuando la persona amada está presente y se la posee espiritualmente se produce la fruición, el gozo, la alegría; mas estando ausente, resultan otras dos pasiones: la tristeza de la ausencia languidez y el deseo ardiente de estar junto a la persona amada fervor.
Como escribía San Elredo de Riedeval:
"En efecto, no es pequeño consuelo en esta vida el tener a quien puedas unirte con íntimo afecto y sacratísimo abrazo de amor, tener en quien descanse tu espíritu y a quien se pueda abrir tu alma, en cuya grata conversación, como un consolador arrullo, encuentres cobijo en tus penurias; a cuyo gratísimo y amistoso seno puedas acercarte con seguridad en tus tribulaciones de esta vida; en cuyo amantísimo pecho puedas depositar sin vacilaciones lo más íntimo de todos tus pensamientos y de tí mismo; en cuyos espirituales besos disipe las dificultades de tus acuciantes preocupaciones; que llore contigo en tus angustias, se alegre con tus éxitos y sea para tí un apoyo; a quien con los vínculos de la caridad, introduzcas en lo secreto de tu alma, para que, ausente con el cuerpo, esté presente en tu espíritu, donde te recrees a solas con él, y, aquietándose el estruendo del mundo, en el sueño de la paz, en el abrazo de la caridad y en el beso de la unidad, interponiéndose la dulzura del Espíritu Santo, reposes sólo con él, acercándote y uniéndote con él, de tal manera en identificación de espíritus que lleguéis a ser una misma cosa"9.
Y con estas características, ¿conocés a alguien más amigo que Jesucristo?
1
ARISTÓTELES, Ética a Nicómaco, L. VIII, 1.2
Idem.3
Cf. SANTO TOMÁS, Contra Gentiles, lib. IV, cap. 21.4
Seguimos a Miguel Cruz en Misterio de la amistad, San Miguel de Tucumán, 1986, p. 40.5
SANTO TOMÁS, citado por MIGUEL CRUZ idem, p. 128.6
MIGUEL CRUZ, Misterio de la amistad, p. 39.7
Obras, Ed. B.A.C., Madrid 1958, Homilías sobre el Evangelio, l. II, hom. 10 (30), p. 685.8
Op. cit., p. 112.9
SAN ELREDO DE RIEDEVAL, Caridad y amistad, Ed. Claretiana, 1982, p. 250.[Componente Mapa de imágenes de FrontPage] ![]()