CAPÍTULO V: Las respuestas del joven
11. Como otra
humanidad suya
"El hombre todo hombre, sin excepción algunaha sido redimido por Cristo, porque con el hombre
cada hombre, sin excepción alguna
se ha unido Cristo de algún modo,
incluso cuando este hombre no es consciente de ello".
(Redemptor Hominis 14).
Nuestro Señor Jesucristo no es sólo Dios; además, es hombre. De allí que se presente más de 84 veces en los Santos Evangelios como el Hijo del Hombre, el Hombre por antonomasia y, como tal, el modelo para todos los hombres.
El Verbo al asumir una naturaleza humana perfecta e individual, uniéndose a ella en Unidad de Persona, eleva al hombre a la máxima dignidad e insuperable grandeza. Cristo Hombre es, en sí mismo, la cumbre de la humanidad. De modo tal que "el misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo Encarnado... (Jesucristo) manifiesta plenamente el hombre al propio hombre..."1. Más aún, "el Hijo de Dios con su encarnación se ha unido en cierto modo con todo hombre". Por su encarnación se hizo prójimo nuestro.
En el Verbo Encarnado, en Jesucristo, se esclarece el sentido de la vida y del amor, del trabajo y del descanso, del dolor y de la muerte. De allí que recordara el Papa que "ninguna actividad humana es extraña al Evangelio"2.
Y Cristo quiere como prolongar su "encarnación" en cada hombre.
1. En los cristianos
Por el bautismo el cristiano es "otro Cristo". Para expresar esto San Pablo tiene que inventar palabras, así dice que el bautizado: conmortui (2Tim 2, 11) conmuertos con Cristo, consepulti (Rom 6,4) consepultados, conresuscitati (Ef 2,6) conresucitados, convivificati (Ef 2,5) convivificados, complantati (Rom 6,5) coplantados plantados en Él, convivemus (2Tim 2,11) covivamos; consedere (Ef 2,6) consentarse...
Pero más aún. El cristiano debe ser alter Christus (otro Cristo) por su empeño en imitar al Señor: "Tened los mismos sentimientos que tuvo Cristo Jesús" (Flp 2,5); dice Jesús: "Os he dado ejemplo..." (Jn 13,15). Además, por vivir la vida de Cristo, o mejor, que Cristo viva su vida en nosotros: "Ya no vivo yo, es Cristo quien vive en mí" (Gal 2, 20). "Para mí vivir es Cristo" (Flp 1,21).
De esa manera el cristiano es:
el "buen olor de Cristo" (2Co 2,15);
"embajador de Cristo" (2Co 5,20); "soy embajador (del misterio del Evangelio)" (Ef 6,20);
"carta de Cristo" (2Co 3,3);
"revestido de Cristo" (Gal 3,27);
predestinado "a ser conformes con la imagen de su Hijo" (Rom 8,29);
"a reproducir" a Cristo, identificándose con el ejemplar;
a configurarse y asemejarse a Cristo por la práctica de todas las virtudes, "conformándome a Él" (Flp 3,10);
a reflejar "como en un espejo la gloria del Señor, transformándose en esa imagen cada vez más glorioso" (2Co 3,18).
En palabras de Santa Isabel de la Trinidad el cristiano es:
"Como una nueva encarnación del Verbo, de modo que el Padre no vea en mí más que al Hijo amado". "Como otra humanidad suya".
Por eso Jesús se identifica con los apóstoles: "El que os recibe a vosotros, a mí me recibe" (Mt 10,40), y también con todos los cristianos: "Yo estoy en ellos" (Jn 17,23); "Yo en él" (Jn 15,5), diciéndole a Saulo: "¿Por qué me persigues?" (Act 9,4).
¡San Agustín decía: "Somos Cristo"!
2. En todo hombre
Por razón de haberse encarnado Jesucristo en una naturaleza humana, por haber derramado su sangre por todos y cada uno de los hombres, y por tener todo hombre una vocación a la eternidad, de alguna manera, todo hombre representa a Cristo. Aun el ateo, el pecador... De allí que todo acto de caridad fraterna afecta realmente al mismo Cristo.
El pobre es Cristo: "representan el papel del Hijo de Dios"3; a los padres y al esposo hay que obedecerlos: "como al Señor" (Ef 5,22; Ef 6,1; Col 3,20); los niños: "El que recibe a un niño en mi nombre, a mí me recibe" (Mt 18,5); los peregrinos: "recíbaselos como al mismo Cristo"4; los esposos deben amarse... "como Cristo" (Ef 5,25).
Enseña Santo Tomás de Aquino: "...al prójimo se le ama en caridad porque en él está Dios o para que lo esté", o como dice Santa Teresita que veía a "Jesús, oculto en el fondo de su alma" (de una religiosa que le hacía la vida imposible).
En todo hombre y mujer, joven o anciano, incluso deficiente, defectuoso, pobre, deforme, es preciso, por la fe, ver al mismo Cristo y amarlo con las mismas consideraciones, el mismo respeto, la misma ternura, la misma generosidad que experimentaríamos si tuviéramos la felicidad de encontrar a Jesús y el privilegio de poderlo socorrer. Ese privilegio lo tenemos a nuestro alcance: todo hombre todo prójimo es místicamente Jesús. En este sentido Juan Pablo II dice: "El hombre, que es Cristo".
Queridos jóvenes:
Debemos amar a todos los hombres. Si odiamos a alguno, no somos cristianos5.
Sin llegar a comprender el alcance de las palabras, Pilato presentó a Cristo: "Ecce homo", "¡He aquí el Hombre!". Sólo en Cristo se manifiesta la verdad total sobre el hombre, sobre su origen, su misterio, su fin último. ¿Lo conozco? Todo prójimo debe ser para mí CRISTO. ¿Lo vivo? "Al atardecer de la vida seré juzgado en el amor", dice San Juan de la Cruz. ¿Me doy cuenta?
La urgente tarea de la evangelización y la catequesis que debe comenzar en cada familia- no es otra cosa que preparar la encarnación de Cristo en las almas de cada uno de sus miembros. Ése es el trabajo del apóstol: formar a Cristo "en cada hombre", decía San Pablo a los Gálatas (4,19): "sufro de nuevo dolores de parto hasta ver a Cristo formado en vosotros".
¡Qué con la ayuda de la Santísima Virgen, por el amor al prójimo, pueda decir cada uno de nosotros: "Sed imitadores míos como yo lo soy de Cristo" (1Co 11,1).
1
Gaudium et Spes, 22.2
OR 595.3
SAN VICENTE DE PAUL, Cartas, XI, 32; E.S. XI, 725.4
SAN BENITO, Santa Regla, lib. III, cap. 1.5
Cf. Mt 5,46-47.[Componente Mapa de imágenes de FrontPage] ![]()