CAPÍTULO V: Las respuestas del joven
1. Subir con Cristo
"Él no es sólo vuestra meta.
Es también el camino que conduce adonde váis".
(Manila, Filipinas, 22-11-1981).
"Buscad las cosas de arriba donde está Cristo sentado a la derecha de Dios. Pensad en las cosas de arriba, no en las de la tierra" (Col 3,1-2).
Queridos jóvenes: ¡Hoy día muchos sólo buscan las cosas de abajo!
Mas aún, hoy día muchos no quieren las cosas del Cielo, sólo quieren las cosas de la tierra. El hombre es el único animal erguido capaz de mirar al cielo y, sin embargo, muchos como los cerdos sólo miran para abajo.
Entre estos condicionamientos de los que sólo miran las cosas de la tierra, tenemos el triste fenómeno del materialismo.
¿Qué es el materialismo? Es la concepción de los que creen que sólo existe lo material, negando, por tanto, lo espiritual: niegan a Dios, los ángeles, el alma humana espiritual e inmortal, la fe, la esperanza, la caridad, la gracia santificante, el poder de los sacramentos, en una palabra, lo sobrenatural y lo naturalmente espiritual. Para ellos sólo existe lo que se puede percibir por los sentidos, lo que se puede ver, oler, oír, gustar, palpar. Se olvidan que, como decía el Principito: "Lo esencial es invisible para los ojos". Verdad que ya enseñaba hace casi dos mil años San Pablo: "Las cosas visibles son pasajeras, pero las invisibles son eternas" (2Co 4,18).
El materialismo, en este sentido, es una expresión del modo como el hombre vive y como actúa. Es el modo propio de obrar del hombre y la mujer que valorizan más las cosas materiales tener poder, fama, dinero, placer que a sí mismos y que a los demás, creados a imagen y semejanza de Dios.
Hoy, por culpa del materialismo, hemos llegado a situaciones netamente inhumanas. Por ejemplo, en Japón (con un PBI per cápita de U$S 27.000), una encuesta reciente dice que los maridos dedican apenas 26 minutos diarios a las tareas del hogar y sólo 12 minutos a sus hijos1. ¿Es esto vida humana? ¿No es una vida esclavizada?
Y entiéndase bien. De ninguna manera decimos que la materia sea mala. Por el contrario afirmamos categóricamente que la materia es buena y aún "muy buena" como la llama Dios mismo en el relato de la creación del mundo, en el Génesis (3,1). Lo que es malo es vivir como si sólo existiese la materia. Además de este mundo material que vemos, hay otro mundo más importante y más hermoso, el mundo de las almas. El mundo de la inteligencia y de la voluntad, espirituales; el mundo de la ciencia, de la libertad, del amor, de la conciencia; el mundo de Dios, de la eterna felicidad de los ángeles y de los santos; el mundo del Cielo no del astronómico sino el de la gloria sin fin, el mundo celestial.
Por eso les propongo la enseñanza clara del Apóstol: "Buscad las cosas de arriba donde está Cristo sentado a la derecha de Dios. Pensad en las cosas de arriba, no en las de la tierra" (Col 3,1-2).
No puedo dejar de decir que lo más importante de las "cosas de arriba" son las tres divinas Personas: La Persona del Padre, la Persona del Hijo Jesucristo, y la Persona del Espíritu Santo; las tres divinas Personas, que son un sólo Dios vivo y verdadero.
Adoremos simpre a Jesús. Pidámosle que nos enseñe a adorarle. Él es nuestro Dios y Señor. Puede todo lo que quiere. Para Él no hay nada imposible. Pidámosle la gracia de ocuparnos rectamente de las cosas de la tierra, pero recordando la palabra imperativa de San Pablo: "Buscad las cosas de arriba donde está Cristo sentado a la derecha de Dios. Pensad en las cosas de arriba, no en las de la tierra", porque "el mismo que bajó es el que subió". Él nos espera en los Cielos. Él nos espera en Casa.
1
Revista Noticias, 23-12-94, p. 127.[Componente Mapa de imágenes de FrontPage] ![]()