CAPÍTULO IV: Los llamados de Dios
3. Ataques al matrimonio y a la familia
"La familia tiene que ser defendida y respetada
por el bien de la humanidad".
(Bamenda, Camerún, 12-08-1985).
La esencia del matrimonio
Uno de los más grandes pensadores de occidente y ciertamente, el teólogo más grande de todos los tiempos, Santo Tomás de Aquino, dice que la familia es como un útero espiritual1, en una comparación muy hermosa: así como todos nosotros hemos necesitado del útero físico de nuestra madre para allí comenzar a existir, recibir alimento, cariño, desarrollarnos y luego poder ver la "luz del día", por decirlo de alguna manera; de modo semejante todo hombre necesita de ese segundo útero o útero espiritual que es la familia porque es el lugar natural donde el hombre, la mujer, el niño se siente protegido, es ayudado, es educado, es amado, se le enseña a hacer el bien, evitar el mal, se le enseña la práctica de todas las virtudes que son finalmente las que hacen al hombre auténticamente hombre. Pero así como en el orden físico, en la actualidad se hace un ataque despiadado a la natalidad como se ha podido ver en la reciente conferencia internacional de El Cairo, también con la misma intensidad, y tal vez con más intensidad, se ataca a ese segundo útero, ese útero espiritual que es la familia, y se lo ataca en la misma esencia de lo que es la familia.
La familia es la relación estable de uno con una y para siempre. Ésa es la definición más simple, más sencilla y más hermosa que hay sobre la familia, sobre el matrimonio: uno con una y para siempre. Pues contra esto tan sencillo y tan simple, que es de ley natural, sin embargo en la actualidad, por las concepciones de la cultura actual, se enarbolan ataques despiadados desde distintos frentes y desde distintos puntos de vista. Veamos alguno de estos ataques.
Ataques contra la familia
Primer ataque: el creer que el matrimonio es de uno con muchas. Una mentalidad muy extendida lamentablemente aquí en Latinoamérica: por algo se habla del machismo latinoamericano. Un hombre que cree que puede vivir una vida no ya doble sino múltiple siendo infiel a su esposa legítima, que es propiamente lo que se llama "poligamia": uno que se une maritalmente con muchas mujeres. Esto aún ocurre en los pueblos orientales primitivos y sucede en algunas tribus africanas y también en Occidente. Esa poligamia puede ser simultánea, es el caso de los harenes: uno que tiene al mismo tiempo varias mujeres; puede ser también sucesiva, como es el caso de aquellos que tienen ahora una mujer, después otra, otra, otra... Por ejemplo, los que adhieren al divorcio como programa de vida o lo tienen como verdadera solución para sus problemas afectivos: se trata de una poligamia "refinada" y "legalizada", bajo el pretexto de madurez, de respeto a la individualidad privada y de pluralismo cultural.
Un segundo ataque, una nueva forma de destruir lo que es la célula básica de la sociedad, la familia, es el de aquellos que entienden que puede darse la familia en una relación de muchos con una. Ya no son muchas con uno, sino una con muchos, como es el caso de la "poliandria" practicada abiertamente en algunas zonas de Asia y encubiertamente en todos los prostíbulos de Occidente, donde hombres viejos y a veces también jóvenes pagan a una mujer que incluso no conocen para tener una relación sexual que ciertamente no es por amor sino que no pasa de ser una masturbación de dos. Incluso en Buenos Aires por ejemplo, en hoteles importantes, para esas mujeres de ejecutivos aburridas les presentan álbumes fotográficos donde aparecen en distintas situaciones, deportistas que se prestan a eso, muestran el coche, lo muestran a él vestido y desvestido, le hacen la propaganda a los lugares donde pueden pasar la noche y terminan, efectivamente, saliendo con él y pagándole.
La tercera forma de la destrucción de la familia en la actualidad, de la destrucción de ese "uno con una y para siempre" es el pretendido "matrimonio" de homosexuales o lesbianas, de "uno con uno" o "una con una". Ciertamente hay toda una campaña en la actualidad a favor de la aceptación de esta forma antinatural de relacionarse. Lo que antiguamente se veía con tanta claridad, hoy, por esa suerte de noche ética que ha caído sobre el mundo, por esa oscuridad moral que ha caído sobre la conciencia de muchos, no se ve. Se pierde de vista algo tan elemental como la verdad de que, para que haya un auténtico matrimonio, tiene que haber un varón con una mujer y para siempre. ¡Y pensar que hay incluso algunos países que han legalizado esta práctica aberrante de la junta de pareja de homosexuales! Incluso están trabajando ahora para que les concedan el derecho de adoptar hijos. ¿Se pueden imaginar lo que puede pasar en la cabecita de esos chicos el día de mañana? ¿Quién es el papá, quién es la mamá? No solamente porque practican la inseminación artificial, por el uso antinatural de lo que tiene que ser fuente de vida. Si eso se llega generalizar como algunos pretenden, dándole rango de legalidad, se va a la destrucción de la raza humana. Por lo menos, en aquellos que lo vayan a practicar. En esto se llega a tal aberración, como saben, que no solamente se admiten en algunos ambientes esas prácticas homosexuales, sino que se llega también al "transex", a la operación donde se pretende cambiar de sexo y, de alguna manera, se cambia. Recuerdo hace años, cuando era seminarista y enseñaba catecismo en la cárcel de Villa Devoto en Buenos Aires, que era un ambiente del todo especial, llegó un "transex" con sus formas de mujer pero tenía barba y el documento todavía no lo había cambiado: era de varón. El guardiacárcel estaba perplejo porque no sabía qué hacer, y le dijo: "¿le mando un requisa o una requisa?". Porque según los documentos era una cosa y según las apariencias era otra.
Otra desviación, la cuarta, respecto de este tema tan importante que es la familia es lo que se ha llamado en inglés "group and sex", o también, en criollo, las "camas redondas". Es la relación entre muchos y muchas, es la multirrelación. Se llega hasta esa corrupción en dos casos distintos: el caso de las llamadas "comunas", algunas de tipo hippie, otras de orientación netamente marxista, como enseguida veremos, y el caso también del llamado "intercambio de parejas" por el cual matrimonios tienen el mal gusto de reunirse para hacer una fiesta y después entre ellos se mezclan los esposos y las esposas.
Respecto a lo de las comunas: le hacen un reportaje a la "Comunidad del Sur", un grupo de uruguayos que se trasladó a la Argentina. Ellos ponían todo en común siguiendo la doctrina marxista hasta las últimas consecuencias: no solamente hay que poner en común los bienes; también hay que poner en común los hijos, también hay que poner en común el esposo, también hay que poner en común la esposa... Y así en este reportaje declaraban estar convencidos de que para lograr algún día "relaciones de no-propiedad", relaciones "libres" entre seres humanos, hay que luchar contra el exclusivismo sexual. ¿Qué es el "exclusivismo sexual"? Que uno se relacione con una para siempre. Algunos han planteado la necesidad de integrar la revolución sexual a la revolución político social. Otros se preguntaban cuáles eran los límites que les impedían tener nuevas relaciones sexuales: son los prejuicios de la sociedad occidental y cristiana. Un hombre así no tiene ningún derecho a festejar ni el día de la madre; y es, por eso mismo, un ingrato: no nació de muchas mujeres a la vez, ni muchas mujeres lo llevaron nueve meses en su seno.
Otro decía que todos sabemos que el matrimonio, la familia tradicional, es la base de la estructura social predominante. Es, entonces, necesario rechazar la concepción tradicional del matrimonio, uno con una y para siempre, para que el hombre no acepte la opresión de su mujer y el rol de autoridad para sus hijos; para que la mujer se emancipe; para luchar contra los prejuicios de la moral burguesa; para reivindicar la posibilidad de amar y de ser amado en una pluralidad de relaciones. Se pueden imaginar lo que sucede allí: ciertamente que las mujeres quedan embarazadas. ¿Quién es el padre?
Otro declaraba querer despojar a las relaciones humanas, al placer sexual, de todas las prohibiciones, de todos los prejuicios, de todas las máscaras, y hacer de él algo más que un juego: un elemento de felicidad subversiva. Es interesante preguntarse a quién le da un beso el niño cuando regresa del colegio. ¿A la comunidad?
La quinta forma de destrucción de esa realidad natural, primigenia, anterior incluso al estado, que es la familia, es el llamado "matrimonio a prueba". Lo que en este caso molesta es el "para siempre"; entonces se pretende que uno con una se unan durante un tiempo. Un tiempo, que a veces llaman "tiempo de prueba". Si la prueba sale mal se disuelve esa relación. Pero en caso de disolverse ciertamente la que lleva normalmente la peor parte es la mujer. Por eso es que la Iglesia durante dos mil años ha defendido y seguirá defendiendo eficazmente la dignidad de la mujer y ese baluarte que es la familia y que es el matrimonio, aunque sea impopular.Y lo hace porque por vocación siempre tiene que ser la voz de "los sin voz", la voz de aquellos que muchas veces no pueden defenderse y, en este caso concreto, la Iglesia durante veinte siglos, durante dos mil años, ha levantado la voz para defender la parte más débil, que es la mujer, y, sobre todo, así como también esa voz de los sin voz, la voz de los no nacidos que podrían haber nacido si no hubiesen segado esas vidas.
La última forma de destrucción de la familia es pretender que la familia se reduzca a un nivel meramente natural, olvidándose que Jesucristo la elevó a nivel de sacramento y, por tanto, que no solamente es "uno con una para siempre" sino "uno con una en Dios para siempre". Muchas veces los fracasos matrimoniales, las familias incompletas, las dificultades en la vida matrimonial, se deben a que Dios en esa familia se convirtió en un convidado de piedra, no se le da el lugar que corresponde y, por tanto, no hay garantía de unidad, de fidelidad, de fecundidad. Y en un ambiente como el que nos toca vivir, cuando uno se olvida de Dios se va materializando cada vez más, se va materializando la relación del esposo con la esposa, de los padres con los hijos. Y es imposible encontrar en lo material la solución para los graves problemas que tiene que enfrentar la familia hoy día.
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