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CAPÍTULO III: Consecuencias de las adicciones

3. Muerte dulce

Los maestros de la anestesia

 

"Una legislación que contradiga algunas

verdades morales esenciales respecto del don supremo de la vida

abre el camino a formas nuevas de totalitarismo que,

por la negación de la verdad trascendente,

destruyen la auténtica dignidad".

(Discurso a los Obispos de Canadá

en la visita ad Limina, 19/11/1993).

 

El homicidio y el suicidio son tan viejos como la existencia del hombre. Desde la primera sangre humana derramada injustamente sobre la tierra, la de Abel1, hasta hoy, pasando por todas las guerras que ha habido, sobre todo las Mundiales que llaman más la atención. Parecería que ha sido violado el 5º mandamiento alguna vez...

Muchas ideologías cultivadoras de la muerte han contribuído en el plano teórico, intentando proporcionar apoyo y sustento "filosófico" a la práctica de la muerte del hombre a manos del hombre. Y pienso en Hegel, Marx, Nietzsche, Heidegger, Sartre, etc...

Tampoco la medicina, en parte, ha quedado sin ser manoseada por la mentalidad antivida.

Se repite en pleno siglo XX lo que pasaba en Esparta hace más de 2500 años. Nuestra sociedad al igual que la espartana exige productos bien terminados, perfectos, comprobados y que tengan garantía por más de 100 años. Si los controles de calidad señalan un niño defectuoso, se lo rechaza y se lo devuelve, con una etiqueta original... aborto, y si han andado algo de tiempo y no son "cero kilómetro", llevarán otro rótulo... eutanasia... Son los que pertenencen al tristísimo grupo de los destinados a morir dulcemente.

¿Por qué? Porque ya no tienen sentido, porque no sirven.

¿Quién dice que no sirven? ¿Lo dicen ellos? NO. Lo dicen los otros.

Que se maten los otros. Los grandes médicos que practican la eutanasia a los demás. Los superbochos de la psicología que la patrocinan y defienden abiertamente. Los filósofos de la muerte. Los grandes legisladores que... legislan para el propio bien y en contra del de los demás.

Son los que se sienten dominadores del mundo; los que creen que nunca serán viejos y que están exentos de las leyes de la naturaleza. No saben del "efecto boomerang": "Vuelve la espada a su sitio, porque todos los que empuñen la espada, a espada perecerán" (Mt 26,52).

Son aquellos seres humanos en cuya mentalidad la vida sólo es leída en clave de mercado; aquellos cuyos códigos de lectura se limitan sólo a dos aspectos: utilidad o inutilidad. Son los seres humanos que entienden la vida como un producto más de la sociedad de consumo, de tal modo que su valor es exactamente correlativo a su utilidad productiva.

Son los que escriben y filosofan sobre el gran bien que significa para la sociedad la muerte de los viejos "inútiles", sentados muy cómodos en sus confortables escritorios frente a su magnífica PC.

La deformación de las conciencias

Para llevar a cabo sus propósitos se hace indispensable una buena campaña de concientización de la sociedad. Se trata de crear la sensación de que en el mundo hay cada vez más demanda social y se recurre a cifras redondeadas difíciles de controlar; por otro lado se lanzan en la opinión pública casos de gente que declaran haber ayudado a morir a varias personas para liberarlas de una vida ya sin valor. La cosa, más allá de los argumentos, es hacer de la idea de eutanasia algo "normal" y corriente... La cosa es que quede flotando en el ambiente. Nos referimos aquí tanto a la eutanasia como a la "muerte sin dolor".

Lo que se ve en la sociedad, es que el juicio que la gente tenía hace tiempo sobre el aborto, divorcio, y la misma eutanasia, va disminuyendo en su vigor, va debilitándose. Antes era un NO rotundo, luego se incorpora el "tal vez", luego el "depende". Así pasó en Argentina con la ley de divorcio, que empezó por el no y terminó con un . Me hace recordar a un grafitti, que decía: "Antes, la homosexualidad estaba prohibida; ahora está permitida... Me voy antes de que sea obligatoria".

No seas ingenuo. No te dejés engañar.

"Eutanasia" viene del griego. Quiere decir "buena muerte". Otro término, por tanto, cuyo contenido ha sido intencionalmente tergiversado. Buena muerte es la del que muere en gracia de Dios, es decir, la de aquel que cuando le llegue la hora ha trabado durante su existencia terrena una fuerte amistad con Dios, que lo llenará de gozo eternamente. Lo otro no es buena muerte. Si te cortan la cabeza mientras estás dormido, difícilmente te des cuenta... Pero, ¿estarás preparado?

Sin embargo, la mentalidad de la antivida buscará por todos los medios posibles crear la conciencia de que son héroes los que en realidad no lo son, de que es blanco lo que siempre fue negro y de que está bien lo que los "cavernícolas" y "medievales" retrógrados dijeron siempre que estaba mal.

La necesidad de la trascendencia

La vida temporal sólo se comprende en plenitud si se la comprende en relación con la eternidad. Si no, todo es un vacío, una imbécil ilusión y el hombre mismo se convierte en algo completamente sin sentido, como decía Sartre, en una pasión inútil.

Cuando no hay una idea de trascendencia, la idea de que uno va a ser juzgado algun día, que habrá premios y castigos, salvados y condenados, entonces es lógico que aparezca la pregunta: ¿para qué prolongar una vida dolorosa o angustiante, etc.?

Bastaría observar la ley natural, el instinto de conservación que tiene el hombre. Sólo basta con prestar atención, por ejemplo, a un hombre que toque un hierro caliente con la mano; rápidamente los demás miembros del cuerpo acuden en su ayuda... Su fin: la conservación.

Hay varios matices que debemos tener en cuenta para una consideración correcta de la eutanasia. Por ejemplo, se la llama eugénica, cuando por falsas razones sociales, económicas, etc., se pretende liberar a la sociedad de los enfermos crónicos, discapacitados, minusválidos, que consumen sin producir y que, en consecuencia, son una carga insoportable para la sociedad. Cuando la intención es aliviar el dolor, se la llama ¡piadosa!: es el homicidio por piedad... ¿Entendés? Yo tampoco.

Hay otra división interesante: la eutanasia es voluntaria cuando la solicita el paciente, de palabra o por escrito a través de un testamento; involuntaria es la que se aplica a los pacientes sin su consentimiento, o con una información imprecisa, borrosa o ambigua. Fue el método de Hitler para eliminar del país a los discapacitados.

Las excusas

Los propagandistas de la muerte inventan muchas excusas. Se habla de situaciones en las que se han agotado todos los medios ordinarios y extraordinarios. De una breve supervivencia pronosticada por menos de un mes. De un estado general sumamente grave en el cual ya el sujeto no puede cuidarse a sí mismo, no puede atender a nadie ni responder estímulos. Insuficiencia orgánica al menos en dos sistemas. De una comprobada y reiterada ineficacia de los tratamientos, falta de tratamientos alternativos, complicación irreversible, etc. Podríamos seguir. No vale la pena. No merecen otro renglón.

Se trata de un claro intento de atropello al dominio de Dios sobre la vida humana.

El sentido del dolor y de la muerte

Todos los hombres pasamos por la experiencia del dolor físico o moral durante la vida, en mayor o menor grado. Todos vamos a morir alguna vez. Pero el dolor y la muerte no tienen una explicación integral y completa, sino a la luz de la fe y de la trascendencia.

Es verdad que son consecuencias del pecado original: "por un solo hombre entró el pecado en el mundo, y por el pecado la muerte" (Rom 5,12). Es una verdad mayor que han sido asumidos por Cristo: Jesucristo, Dios al hacerse hombre, ha querido sufrir y ha querido morir. Sufrió en la cruz todos nuestros sufrimientos. Murió todas nuestras muertes.

Eso significa que, desde que Dios murió en Jesucristo, desde que Dios hecho hombre sufrió como los hombres, el sufrimiento humano y la misma muerte han adquirido una dimensión divina. También en nuestro sufrir y en nuestro morir debemos imitar a Dios.

Ante Dios los débiles, minusválidos y enfermos son los grandes amados, los preferidos. En cierta forma se entiende la actitud de nuestra naturaleza humana que rehuye del dolor y la muerte e intenta evitarlos a toda costa; es una reacción común y espontánea. Muchos se dejan llevar por el temor frente al dolor, perdiendo verdadero sentido del sufrimiento.

Una sociedad que ayuda a los enfermos a sobrellevar sus dolores, que ayuda a los débiles a continuar su arduo camino, una sociedad generosa que sabe atender a las necesidades de aquellos que ni pueden cuidar de sí mismos, es una sociedad que amando a su hermano, a quien ve, ama a Dios, a quien no ve2. Es una sociedad verdaderamente humana.

No tiene el hombre derecho a procurarse, ni a procurar para los demás, la muerte. Su existencia misma es el testigo insobornable de que su vocación originaria es la vida. El hombre es el ser llamado a la Vida.

La eutanasia es un crimen en todo el mundo, menos en Holanda.Ya en Noruega, Suiza, Dinamarca, etc. está atenuada la ley en el código penal. En Holanda la eutanasia y suicidio están socialmente aceptados.

Es una actitud cobarde ante el declinar de la vida temporal.

Ante el enfermo terminal tampoco cabe la actitud pasiva, un encogerse de hombros y esperar que sobrevenga la muerte. Hay que tomar una actitud activa, dinámica, humana, dirigida al paciente y a su entorno familiar.

No aceptar la vida como un don, aun en los casos más difíciles, es una rebelión contra Dios, que es Autor de la vida.

Debemos tomar conciencia del verdadero valor de la vida, para saber cómo "vivir" la propia muerte. No se deben negar a nadie, sea un niño, un deforme, un moribundo, los cuidados mínimos. Hacerlo es caer en la actitud cómoda de una sociedad cuyos negocios no le dejan tiempo para atender a los que no pueden servir en el mercado.

Los jóvenes tienen que descubrir el valor del sufrimiento y de la muerte del cristiano. Tenés que ser capaz de vivir la vida como un don y una vocación. La vida y todo lo que en ella ocurra. La vida y la muerte: somos responsables ante Dios. Ante Aquél que dijo de sí: "Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida" (Jn 14,6).


NOTAS:

1Gen 4,8

2Cf. 1Jn 4,20.

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