CAPÍTULO II: Las adicciones
5.Teleadicción
"Los mass media no pueden estar sometidos
al criterio del interés, de lo sensacional o del
éxito inmediato, sino que, teniendo en cuenta las
exigencias de la ética, deben servir a la construcción
de una vida «más humana»".
(Discurso en la UNESCO 02-06-1980).
No hubo generación como la actual que, teniendo tantos medios de comunicación, encontrara a sus contemporáneos tan incomunicados. Y esto lo comprueba un joven en la vida diaria, cuando siente a sus padres tan distantes, o lo comprueban los padres, cuando les parece que sus hijos son desconocidos.
Como decía alguien: "ahora tenemos internet, ¿para decirnos qué?".
Una de las escenas familiares "corrientes":
El joven vuelve del colegio o del trabajo. Tal vez esté la madre. Si está, tal vez se produce un cruce de preguntas y respuestas:
Madre: "¿Y?"
Hijo: "Bien"
Madre: "¿Alguna nota?"
Hijo: "..."
Madre: "¿Comés?"
Hijo: "No, má... No tengo ganas".
Convergen los psicólogos en sostener que a esto propiamente no se lo puede llamar "diálogo familiar". No hace falta tener mucho estudio para advertirlo.
Tanto si está como si no está "má", es posible que al mutismo o al diálogo siga un rito repetido hasta el hastío, que puede presentar algunas variantes: desde "enchufarse" un walkman a prender la "tele" o poner "al taco" el equipo para aturdirse con una FM;... y nada más. La cosa es IRSE.
La TV incomunica
La TV habla pero no escucha. Tiene sus tiempos; no los nuestros. Y lo que es peor: nos los impone; se dirige a la masa, al joven X, muy generalmente por simple interés. Es despersonalizada y despersonalizante. No se dirige a vos. No te conoce ni te quiere con nombre y apellido.
"¿Entonces no hay que ver televisión, padre?"
Nada de eso. La deducción no es correcta. Sí, se puede ver televisión. Es más; en cierto sentido, hay que ver televisión, pero lo menos posible, con "cuentagotas" y con espíritu crítico, y si no, es más seguro no ver nada. Hay que ver de tal manera que sea uno el dueño de la pantalla y de las propias neuronas, y no la pantalla dueña de uno con sus neuronas y todo. La inmensa mayoría se engaña creyéndose dueño, pero resultando esclavo.
Estamos convencidos de que la TV es un medio que bien utilizado trae grandes ventajas. Y, ciertamente, representa un gran progreso humano si se la usa para bien. Lo cual no quita que el uso que actualmente se hace, en general, de ella tanto por parte del emisor como del receptor es una escuela de la contra-cultura y, generalmente, hace daño. Por eso en España la llaman "teletonta". "Ustedes dicen eso porque son unos anticuados que se ponen en contra de la televisión". No. Nos ponemos en contra de lo que está mal. Y la televisión es algo bueno: se la usa en medicina, en universidades, en programas culturales de alto vuelo, etc; pero en el uso que de hecho se hace actualmente, hay cosas que están mal, y muy mal. Y contra eso hay que luchar.
La televisión produce adicción
Decir que la televisión produce adicción significa que, aunque quien la mira "sepa" que no es "lo máximo", sin embargo engendra en el televidente una angustiosa necesidad de ella, como si alguna vez fuera a colmar todas sus expectativas o como si ya fuese imposible vivir sin ella. Hay personas que lo primero que hacen cuando entran en su casa es encender mecánicamente el televisor.
El profesor Jacques Piveteau propone una experiencia para descubrir "teleadictos":
"Pasar un cierto tiempo previamente combinado (tal vez una semana, quince días, un mes) sin nada de televisión. Después que nos digan lo que eso produjo entre los miembros de la familia, las dificultades encontradas, las querellas o diálogos que tuvieron origen, etc. (...) si no estamos drogados esto no va a ser difícil. Pero si es difícil, ¿qué debemos concluir?..."1.
La televisión será indudablemente inofensiva cuando uno esté en condiciones de vivir sin ella. Hay algo certísimo: muchos jóvenes de hoy día saben más de los héroes de televisión que de su propia familia. Esos ídolos configuran un modo de existencia paralelo que invade la casa, pero que nada tiene que ver con la realidad de la misma. La consecuencia lógica es empezar a transitar en una especie de esquizofrenia. Cuando un adolescente apaga el televisor, convivir con los de la casa le resulta extraño.
Además, actualmente está surgiendo una nueva adicción y es la llamada adicción a navegar por internet.
Peligrosidad de la televisión
¿Cuáles son las causas que hacen peligrosa la TV para un joven? Veamos la enumeración que hace la psicóloga francesa Mirielle Chalvon2:
1. El exceso de velocidad
La televisión no es un buen instrumento de aprendizaje porque impide la reflexión. Su método no es "hacer pensar"; más bien se trata de "atrapar". Así las informaciones no pueden ser bien asimiladas. Cuando el espectador se sienta frente a la pantalla, las imágenes anestesian los "filtros" del discernimiento3, de tal manera que se reciba todo indiferentemente: violencia-paz, amor-odio, rencor-perdón, bien-mal, verdad-error...
2. Produce falencias en la capacidad de expresión
De hecho, a muchos jóvenes les cuesta un triunfo luego de ver una película resumir en breves palabras el hilo lógico de la misma más allá del argumento de la película.
3. Menosprecia el valor de las ideas
No importa tanto la profundidad de lo que se dice como la espectacularidad de lo que se presenta. Es como si la vista eclipsara lo captado por el oído.
4. No da verdaderas nociones
Al tener un lenguaje "de imagen" es "sonido en imagen", se dirige más a los sentimientos que al espíritu, más a mover la sensibilidad que la razón. No busca formar.
Por ejemplo, difícilmente alguien intentará hablar de la virtud de la pureza, o se hará "propaganda" a Dios... No. Pero sí en las propagandas de café, de lavarropas, de autos, de yerba... de lo que sea, se pondrá alguna mujer mostrando cosas que no tiene por qué mostrar. ¿Por qué? Porque así es más fácil vender... Se harán mesas redondas en las cuales se invita a cualquiera a defender cualquier cosa, de cualquier modo como, por ejemplo, aquella socióloga o psicóloga que propuso mostrar en dicho programa cómo utilizar los preservativos....
5. No respeta las necesidades del joven
Es decir, no te respeta a vos como persona. Se puede comprobar por lo mismo que venimos diciendo. No le interesa que seas puro; no le interesa que salves tu alma. No le interesa que sepas para qué vivís, ni cuáles son las cosas que merecen verdaderamente la entrega de la propia existencia. No le interesa que Dios aparezca en televisión. O sí: a las 24:00 hs. aparece, por ahí, algún cura... Son "los cinco minutos de Dios". Cinco minutos, muchas veces inmediatamente posteriores a los más chabacanos programas de bajo humor. Sí, aparecen las caricaturas de Dios: astrólogas, adivinos, mentalistas, parapsicólogos... Todo verso. No le interesás a la televisión. Es decir, no le interesás a quienes la conducen. A ellos sólo les importa el dios "rating".
¿Por qué?
Porque en el mismo momento en que te comenzasen a proporcionar esas realidades a través de la pantalla, se les haría mucho más dificultoso llamar tu atención, vender, hacer guita... Comerciar con vos. Usarte para ganar miles de dólares por segundo de propaganda.
6. Es fatigante y potencia la tendencia a la evasión
Otro punto indiscutible. La ambición de copiar o, de alguna manera, vivir la vida sensacional, fantástica y excitante que el televisor te propone, genera necesariamente o refuerza la tendencia a la evasión de la vida cotidiana, real, la vida de los compromisos series, de las grandes responsabilidades, la vida.
Juega con las pasiones y los sentimientos de la pobre cabecita que queda atrapada. Destruye los nervios de miles de jovencitas inocentes que están con la intriga permanente acerca de las decisiones del galán de la novela respecto de los dos amores de su vida... Presenta muchas más cosas que este ejemplo. Se convierte en una déspota sin piedad de la imaginación. Se convierte en una cárcel de lujo... tanto gusto produce que difícilmente el encarcelado quiera salir o reconocer que, efectivamente, está encarcelado.
Consecuencias
Nos limitamos simplemente a nombrar algunos efectos: analfabetismo funcional, ya que reduce el espectro de lenguaje de uso continuo; bajo rendimiento escolar, porque quita la habilidad para el ejercicio de eso tan poco conocido por tantas personas que se llama "pensamiento"; aislamiento y división familiar. Con respecto a esto último comentaba el Papa:
"Aun cuando los programas televisivos no son objetables en sí mismos, sin embargo la televisión también puede tener efectos negativos en la familia. Puede aislar a los miembros de la familia en mundos privados, apartándolos de las auténticas relaciones interpersonales"4.
Por eso mismo, quita el señorío que sobre sí y sobre su tiempo debe tener el joven. Te hace esclavo.
Te "incrusta" vicios y te "extrae" virtudes.
Por encima de todo eso: configura, imperceptiblemente, tu estilo de conducta, tu manera de pensar. Condiciona brutalmente tu libertad. Te da los patrones de vida y los criterios de ejercicio de la libertad... Te "arma" la cabeza. Te la destroza. Te somete a los "dadores de sentido" y terminás pensando como ellos.
X X X
¿Alguna vez oíste decir en un programa de horario masivo que Jesucristo es Dios?, ¿que tenés que salvar tu alma?, ¿que el infierno existe?, ¿que tenés que trabajar para ser virtuoso?
Imposible. En esos horarios de difusión masiva no vas a encontrar a Dios. Sí vas a encontrar paneles de viejas frustradas defendiendo el aborto. Sí vas a encontrar paneles de travestis defendiendo sus "derechos" mejor diríamos sus "torcidos". Sí vas a encontrar el error al mismo nivel que la verdad. Sí vas a encontrar el mal al mismo nivel que el bien.
Es por eso que el Papa declaró con gran fuerza:
"La verdad debe ser la fuente y el criterio de la libertad también en la información. El que considera verdadero lo que es falso no es libre; el que afirma lo falso, manteniéndolo como verdadero, no es leal: y se puede faltar el respeto a la verdad tanto diciendo positivamente lo que es falso, como diciendo sólo una parte de la verdad, callando intencionadamente la otra"5.
La incidencia de la televisión es evidente. Fíjense, entonces, qué terrible cosa ocurre si los medios de comunicación caen en manos de gente a la que no le interesa la verdad, gente que no se empeña por el bien, gente para la que lo más importante es el comercio... Unan esto, queridos jóvenes, a la incidencia que tienen los medios y verán las consecuencias que trae, y unan a esto la borrachera del zapping.
Lo vemos, de hecho, cada día. No sólo se dan noticias falsas. No sólo se utilizan calumnias como factor de presión política. No sólo se hace propaganda de cualquier tipo de artículo. No sólo se hace cualquier tipo de propaganda... Además de eso, que ciertamente se hace, se le hace propanganda explícita a la cultura de la muerte, se pone el error en el mismo plano que la verdad, se introducen falsos principios de acción y se le dan a los jóvenes, sobre todo, falsos criterios a través de palabras "mágicas", estereotipadas y radicalmente ambiguas.
El último ejemplo: la palabra "discriminar". Término de uso permanente en todos los programas de cierto nivel; de uso ambiguo. Se utiliza con la intención de dejar indefensa a la persona, para dejarla sin capacidad de reacción ante lo puerco, lo pésimo y lo desastroso. Como si todos los puercos tuvieran derecho a decir que sus porquerías son algo bueno, y como si el que se limita a observar que se trata de algo inmoral fuera el peor autoritario y la peor persona de la historia... Antes se le decía "fundamentalista"; ahora te dicen "vos discriminás"... Verso. Son ellos los que discriminan. Discriminan a la verdad. Discriminan al bien. Discriminan a Dios.
Condenar el error, destruir el mal no a los malos: hay que odiar al pecado; pero no al pecador, defender a muerte la verdad, no es discriminar. Al revés, nos discriminan los que no nos dan el espacio para ello, y sí se lo dan al error y la mentira.
Pero no es correcto ponerse en una postura "cavernícola" y retrógrada afirmando que los medios de comunicación son algo absolutamente perverso. Eso equivaldría a desconocer o a minusvalorar el progreso humano técnico. Eso está mal. Se puede usar bien, aunque ahora, mayoritariamente, se usan para mal, incluso porque en propagandas buenas se pasan publicidades o "avances" malos, como puede verse en el tiempo llamado de "protección al menor".
No obstante, para valorar las cosas como corresponde, tenés que recordar siempre que el progreso humano debe ser ante todo moral. Se trata de un progresar y crecer en la toma de comprensión de la dignidad del hombre, de su capacidad fundamental de adhesión incondicional a la verdad, de su capacidad fundamental de ejercer responsablemente la libertad en el ámbito del bien.
¡Cuidate de la "teletonta", sólo forma "teletontos"!
1
Citado por "La teleadicción", Fundación Argentina del Mañana, Buenos Aires, 1994, p. 60.2
Ibidem, p. 16 ss.3
Para decirlo con sencillez, "discernimiento" significa la capacidad de advertencia de lo que es bueno o malo en relación al fin, de tal modo que se elija lo bueno y se rechace lo malo. No es más que cierta habilidad en el ejercicio de la prudencia. Es lo que queremos decir cuando decimos que hay que tener espíritu crítico.4
JUAN PABLO II, Mensaje con ocación de la XXVIII Jornada mundial de las comunicaciones sociales del 24/25-01-1994, LOSSERVATORE ROMANO, 28-01-1994, p. 60. (En adelante OR)5
JUAN PABLO II, Discurso a los periodistas católicos, OR 10-02-1989.[Componente Mapa de imágenes de FrontPage] ![]()