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CAPÍTULO II: Las adicciones

10. La adicción a lo esotérico

El ocultismo

 

"Es necesario que el hombre de hoy se dirija nuevamente

a Cristo para obtener de Él la respuesta

sobre lo que es bueno y lo que es malo.

Él es el Maestro, el resucitado que tiene en sí mismo la vida

y que está siempre presente en su Iglesia y en el mundo.

Él es quien devela a los fieles el libro de las Escrituras".

(Veritatis Splendor, nº 8b).

 

Hay en el hombre una tendencia innata de creer en algo que está más allá de las cosas de todos los días, más allá de la realidad visible, tangible, de la realidad sensible. Por esta tendencia, entre otras cosas, nos damos cuenta de que la vida del hombre no se agota en el orden natural, de que el hombre tiene otro orden: el sobrenatural, que es el más importante.

Negar esto sería ponerlo a la altura de los demás animales. Hay una jerarquía en los seres existentes; y el hombre está en el grado superior de ella: un árbol es superior a una piedra porque tiene vida, un animal es superior a un árbol porque tiene sensibilidad, un hombre es superior a un animal porque, reuniendo las otras dos cualidades, la vida y la sensibilidad, tiene aun algo más: el alma, y más aún, por la gracia es semejante a Dios.

De aquí nace esa tendencia a creer en cosas que nos superan. La religiosidad está inscrita en la esencia misma del ser humano. Esta tendencia a creer en cosas que trascienden las cosas naturales se ve en diversas culturas a lo largo de la historia.

El hombre ha puesto su Dios en diferentes cosas: en el mar, el sol, la luna, etc., y así los adoraba y rendía culto. Exponentes de esto son los griegos, los romanos, los etruscos, los persas, entre otros. Los menos avanzados basaron su religión en supersticiones, en oráculos, a veces en orgías, en sacrificios humanos, y hasta en objetos materiales, hechuras de manos humanas... Los aztecas, por ejemplo, tenían un ídolo al que hasta le ofrecían sacrificios humanos haciéndole llegar la sangre de las víctimas por medio de una canaleta.

Pero, a medida que fue pasando el tiempo, algunos hombres fueron viendo lo caduco de sus deidades; veían el hecho de que éstas no llenaban del todo al hombre en su necesidad de infinito. Fue así como algunos, los más desarrollados llegaron a concebir con su razón que debía existir un único Dios, eterno principio de todas las cosas. Tenemos un ejemplo en hombres como Platón, Aristóteles, etc.

Sin embargo, actualmente a pesar del avance científico-tecnológico de algunos países del mundo, encontramos cantidad de falsas religiones, otro tanto de supersticiones y una invasión de magicismo. Y esto no sólo en países subdesarrollados, sino incluso en países que aparentan tener un alto nivel de desarrollo intelectual.

Claros ejemplos tenemos en la tan mentada secta de los Niños de Dios creada por David Berg, mejor conocido como el profeta Moisés David, que salió de los Estados Unidos en los años ‘70, en época de los hippies y que tanto mal ha hecho incluso en la Argentina, promoviendo a un dios que salva por medio de la sexualidad, prostituyendo a sus adeptas, violando a sus niños y niñas y raptando a sus fieles para lavarles la cabeza1. O los revolucionarios de "Verdad suprema" fundados por Shoko Ashara, el cual se proclamaba como una deidad. Estos propiciaron una intoxicación masiva en Yokohama, Japón2. Está también, en Suiza, la secta llamada "Templo solar", hace poco destruida por su líder quien mató a quemarropa a sus adeptos porque no querían sometérsele. En Waco (California) se dio otro caso de una secta dirigida por un hombre llamado David Koresh que se creía Jesús y que masacró a una gran cantidad de gente. Murieron 84 personas3.

Algunos otros hacen de la fe un creer en cualquier cosa y se exponen a que los más vivos los estafen, como es el caso de Doña Alcadia González, quien fue estafada y robada por la pseudo vidente Profesora Giménez; según la parapsicóloga, estaba ese dinero con un maleficio y tenía que ser quemado; por supuesto, la vidente no quemó el dinero sino algo aparente4. Como también otra mujer que quedó en grave estado de salud luego de ser "operada" por un curandero, según apareció en el diario La Nación. Sin andar muy lejos, la esposa del conocido Pastor Giménez que después de pelearse con él por un problema de infidelidad fundó otra secta y declaró por TV que la religión de su esposo es una estafa.

Otro caso particular es el de los adivinos, los astrólogos, etc., que pretenden llevarse el dinero de los ingenuos diciendo que ven y predicen el futuro contingente y libre, cosa que no pueden ser porque todavía no es. Sólo Dios conoce los futuros contingentes y libres y, excepcionalmente, aquellos a quienes Él se los dé a conocer. Tampoco los pueden ver en sus causas, como es el caso de los futuros necesarios. Y si no los pueden ver, no los pueden predecir.

– "Padre, ¿de qué signo es?

– Del signo de la cruz".

Hay personas que se levantan a la mañana y en vez de rezar ¡miran el horóscopo!

Para decir verdad, digamos que algunas cosas sí se pueden predecir, porque seguro sucederán: al mediodía podemos predecir con total seguridad que más tarde anochecerá. Se puede predecir lo que necesariamente va a suceder porque se conocen las causas que lo producirán. Y, en general, se trata de cosas físicas. Son futuros necesarios: "Siempre que llovió, paró".

Lo espiritual, lo que depende de la libertad personal, lo que propiamente constituye el futuro de nuestra existencia, jamás se puede predecir, porque las causas son libres: la libertad de Dios y la libertad del hombre. El futuro de las personas sólo puede conocerlo Dios. Y sólo aquellos a quienes Él se los revele pueden predecirlo, como son los auténticos profetas. Ciertamente no son los astrólogos, ni los adivinos, ni los "videntes" los que conocen los futuros contingentes y libres. Muchos de esos "videntes" sólo comercian con la credulidad de la gente sencilla.

Están también los que de adorar a Dios pasan a adorar al Demonio: en Italia, por ejemplo, actualmente han proliferado las sectas satánicas. Y hace poco un Obispo de los Estados Unidos en una entrevista por televisión declaró que hay gran cantidad de casos de posesiones diabólicas a causa de las religiones satánicas de moda. No es chiste. Muchas veces los casos de posesión diabólica tienen como origen cierta relación con el demonio establecida concientemente por el afectado. El recurso al "tablero oui-ja", común entre algunos, o el famoso "juego de las copitas", no son chiste. Hay que tener cuidado.

Pero lo peor de todo no es la posesión diabólica. O sí; pero otro tipo de posesión. Porque siempre se entiende por "posesión diabólica" el dominio del demonio sobre un cuerpo. Mucho peor. Infinitamente peor es el pecado mortal. Por el pecado mortal el demonio no posee el cuerpo del pecador. No. Posee su alma.

Ante todo esto, hay que decir que, así como es necesario buscar a Dios, ya que naturalmente necesitamos de Él, no hay que buscarlo ni en el ocultismo, ni en lo esotérico; la verdadera religión no es un grupo de curiosos o de canallas que con pretexto de mitos o leyendas dan una serie de prescripciones y quitan el dinero a la gente crédula; tampoco son centros en los que se rebaja nuestra condición de hombres destruyendo nuestra intimidad y haciendo de la religión un antro de sexo o de terrorismo.

Sí, hay que buscar a Dios. Pero hay que buscarlo en donde Él se manifiesta, hay que buscar al Dios verdadero y a la religión que procede de Él. Hace casi dos mil años, Jesucristo, verdadero Dios y verdadero Hombre, dijo: "Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida, nadie viene al Padre (Dios Padre) si no es por mí" (Jn 14,6). Ese Jesús fundó sólo una religión y una sola Iglesia, la Iglesia Católica, que nos sigue repitiendo sus palabras: "Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida", bajo el cayado de su Supremo Pastor visible, el Papa: "Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia" (Mt 16,18).


NOTAS

1Cf. Revista Gente, 09-09-1993, pp. 6-11; Diario LA NACIÓN, 06-09-1993, p. 13.

2Cf. Diario LA NACIÓN, 23-04-1995, p. 4.

3Cf. Revista Gente, 04-11-1993, pp. 28-30.

4Revista Gente, "Le falló el horóscopo", pp. 40-42, 18-11-1993.

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