CAPÍTULO I: El sentido
4.Libres como el viento...
Esclavos jamás
"¡Hombre de nuestra época!
Sólo Cristo resucitado puede saciar plenamente
tu insustituible ansia de libertad (...)
¡Para siempre!".
(Mensaje Pascual, 15-04-1991).
Dice Chesterton que las ventanas son algo fascinante. Y tiene razón, porque siempre las ventanas tienen algo de misterioso, en la medida en que nos "lanzan" hacia un "más allá", que la pared nos impide ver.
Yo puedo querer muchísimo a las ventanas. Puedo sentir tanto placer en mirar por una de ellas que podría llegar incluso a agrandar mis ventanas, para poder ver más. Y ese gozo que producen las ventanas, junto con la curiosidad que generan me podría llevar tan lejos que quisiera que mi casa fuera toda "ventana"... Vivir en una ventana significaría algo así como vivir en algo infinito, sin límites ni fronteras... Sin coacciones ni restricciones... Sin marcos...
¿Sin marcos? ¿Y sin marcos son posibles las ventanas?
Si quisiera que mi casa fuera sólo ventana, me encontraría con que ya no tendría una casa; y mucho menos una ventana...
X X X
La libertad es como una ventana. A través de ella se puede aspirar el aire fresco de la vida, y, viviéndose en libertad, nuestra misma vida se plenifica y alcanza dimensiones insospechadas.
Los marcos son esenciales para que haya ventanas; también para que haya libertad.
Por eso, querido joven, amá la libertad; amá los marcos.
Dice la Sagrada Escritura: "Ante los hombres está la vida y la muerte; lo que prefiera cada cual se le dará" (Si 15,17). Cuando el joven decide mirar la realidad, la vida, el mundo, de espaldas a Dios, allí, en ese momento, todo, absolutamente todo, cambia de sentido o, mejor dicho, lo pierde... Lo límpido se vuelve turbio, lo certero se vuelve confuso, el día se vuelve noche.
El joven lleva siempre en sí un enorme potencial de energía, que lo suele hacer rebelde. Esa rebeldía es buena; es muy buena:
"Estar en desacuerdo consigo mismo, sentir la necesidad de destruir algo, de construir algo, de luchar, es una de nuestras más grandes riquezas morales y humanas... resignarse a estar conforme con todo no es más ni menos que enterrarse en vida"1.
Un joven no puede ser conformista; tiene que ser rebelde. Esa rebeldía es, en el fondo, lo mismo que ese impulso originario llamado libertad. Pero debe ser bien encaminada. Hay que ser rebelde contra lo que está mal; no contra lo que está bien. Por eso la rebeldía necesita marcos. Sin marcos esa rebeldía es anarquía; sin marcos esa rebeldía no tiene nada que ver con la libertad. Sin marcos esa rebeldía es libertinaje.
El libertinaje es una libertad "trucha". La libertad verdadera es lo que lanza al hombre a la consecución responsable del bien. Y el bien se fundamenta en la verdad. No puede haber una libertad verdadera si no se fundamenta en la verdad, es decir, si los bienes que se desea conseguir no son reales, sino aparentes; si la escala de los valores que regulan el ejercicio de la libertad son falsos.
El libertinaje es una esclavitud. Hace al hombre esclavo de sus pasiones, lo somete a lo inferior. Lo hace adicto a lo que está mal, a lo que es bajo y despreciable. Es como una droga del alma: bajo la excusa de una libertad "alucinante", cierra al espíritu en una noche tenebrosa y no lo deja ver. No lo deja ver los límites y los marcos; y por eso lo hace chocar con la pared.
Es muy fácil dejarse engañar. De hecho, todos los hombres tenemos esa tendencia al mal que es un resabio del pecado original. Y, de hecho, son muchos los jóvenes que hoy se engañan, los jóvenes que hoy viven sin valores, sin saber adónde apuntar, viven dejando que el tiempo pase...
Es penoso ver que tantos jóvenes, que están para el "ataque", para "destrozar" al mal y al pecado, se someten ante el engaño del libertinaje y claudican impotentes ante la humillante esclavitud que una vida sin garra. Hay muchos jóvenes "adictos" a no luchar. Jóvenes que claudican ante el alcohol y la droga, que se les presentan como un "escape" a los problemas, o como una manera de mostrar que son "libres", es decir, que no aceptan "marcos"... Jóvenes que no se animan a luchar heroicamente el combate de la pureza y no saben respetar su cuerpo... Jóvenes que piensan que la violencia irracional es la manera más excelente de manifestar la fuerza de la voluntad... Jóvenes que se pasan horas ante esa niñera electrónica que es la televisión... Jóvenes que arriesgan sus vidas inútilmente pretendiendo alcanzar velocidades nunca logradas en sus vehículos... Jóvenes que no se animan a defender la verdad a muerte... Jóvenes que buscan la solución en lo "mágico", en las sectas y, a veces, en lo demoníaco.
Todas esas son formas de "huida".
Decía Juan Pablo II a los jóvenes norteamericanos el 1º de octubre de 1979, que frente a los grandes problemas actuales...
"muchos tratarán de huir de las propias responsabilidades,
refugiándose
en el el egoísmo,
en los placeres sexuales,
en la droga,
en la violencia,
en el indiferentismo
en la atitud de cinismo.
Pero yo les propongo la opción del amor, que es lo contrario de la huida. Si vosotros aceptáis realmente este amor que viene de Cristo, éste os conducirá a Dios... Cualquier cosa que hagáis de vuestra vida, haced que sea un reflejo del amor de Cristo."
Las consecuencias de una vida no vivida en libertad son desastrosas. Las resumimos en una sola expresión que pertenece al Papa Juan Pablo II: cultura de la muerte. Ejemplos concretos sobran: el aborto, la eutanasia, el sida, el resentimiento, la soledad, el suicidio... Es lo que trataremos de ir presentando en los capítulos siguientes.
Decía un gran poeta romántico:
En el bosque se abrían dos caminos.
Yo elegí el menos transitado
y ahí estuvo la diferencia
¿Serás capaz de vivir tu vida en libertad? Es cuestión de jugarse. Jesucristo dijo una vez que el Espíritu es como el viento: se lo siente, pero no se sabe de dónde viene ni adónde va3. Así es todo joven que realmente vive en libertad.
Los grandes rebeldes de todos los tiempos fueron los santos. Fueron rebeldes frente a lo que el mundo quería, para ser fieles a Dios.
Jesucristo es libertad: "El Señor es Espíritu. Y donde está el Espíritu del Señor, está la libertad" (2Co 3,17).
O te decidís a ser peregrino del Absoluto, o te convertís en peregrino de la nada.
Es cuestión de animarse a elegir la senda menos transitada.
NOTAS
1
JUAN PABLO II, Cruzando el umbral de la esperanza, Ed. Plaza & Janés, Barcelona, 1994, p. 129.2
Discurso a los jóvenes en Madison Square Garden, EE.UU.3
Cf. Jn 3,8.[Componente Mapa de imágenes de FrontPage] ![]()