Página Principal Padre Carlos M. Buela Indice del Catecismo


Segunda Sección

  LOS DIEZ MANDAMIENTOS

 

«Jesús responde al joven: «Si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos» (Mt 19, 17). De este modo, se enuncia una estrecha relación entre la vida eterna y la obediencia a los mandamientos de Dios: los mandamientos indican al hombre el camino de la vida eterna y a ella conducen. Por boca del mismo Jesús, nuevo Moisés, los mandamientos del Decálogo son nuevamente dados a los hombres; él mismo los confirma definitivamente y nos los propone como camino y condición de salvación»

Juan Pablo II,
carta encíclica Veritatis Splendor, 12.

Introducción

        Ya dijimos que Jesús vino a perfeccionar los mandamientos, no a abolirlos. Dios no borra con una ma­no lo que escribe con la otra, y Él mismo fue quien entregó a Moisés, en el Monte Sinaí, dos tablas de piedra en las que estaban escritos los Diez Mandamientos.[1]

        En una estaban los tres primeros Mandamientos que se refieren a Dios, y en la otra los siete restantes que se refieren al prójimo y a uno mismo. Jesús dirá que toda la ley de Dios se resume en este doble mandamiento: «Amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a uno mismo; de esos dos mandamientos dependen toda la ley y los profetas» (Mt 22, 40), ya que la caridad es «la plenitud de la ley» (Ro 13, 10).

        El cumplimiento de los preceptos del Decálogo obliga a todos los hombres con necesidad imprescindible para alcanzar la salvación: «Si quieres entrar en la vida eterna guarda los mandamientos» (Mt 19, 17). Dios que «quiere que todos los hombres se salven» (1 Tm 2, 4), no nos exige cosas que no podamos cumplir: «sus mandamientos no son pesados» (1 Jn 5, 3), «mi yugo es blando y mi carga ligera» (Mt 11, 30). «Dios no manda cosas imposibles, sino que al mandar te dice que hagas lo que puedas, que reces pidiendo lo que no puedas, y te ayudará para que puedas», pues los mandamientos «no son pesados para el que ama, pero sí para el que no ama».[2]

        «No seáis irresponsables, sino tratad de saber cuál es la Voluntad de Dios» (Ef 5, 17). Eso lo vamos a saber estudiando, uno por uno, los mandamientos de la ley de Dios.


Exodo 20, 2-17

  Yo soy el Señor tu Dios que te ha sacado del país de Egipto, de la casa de servidumbre.

Deuteronomio 5, 6-21

Yo soy el Señor, tu Dios, que te ha sacado de Egipto, de la servidumbre.  

No habrá para ti otro dioses delante de mí.No te harás escultura ni imagen alguna, ni de lo que hay arriba en los cielos, ni de lo que hay abajo en la tierra.No te postrarás ante ellas ni les darás culto, porque Yo el Señor, tu Dios, soy un Dios celoso, que castigo la iniquidad de los padres en los hijos, hasta la tercera y cuarta generación de los que me odian, y tengo misericordia por millares con los que me aman y guardan mis mandamientos.

 

No habrá para ti otros dioses delante de mi...

 

Amarás a Dios sobre todas las cosas.

 

No tomarás en falso el nombre del Señor, tu Dios, porque el Señor no dejará sin castigo a quien toma su nombre en falso.

No tomarás en falso el nombre del Señor tu Dios...

No tomarás el nombre de Dios en vano.

 

 

Recuerda el día del sábado para santificarlo.Seis días trabajarás y harás todos tus trabajos, pero el día séptimo es día de descanso para el Señor, tu Dios.No harás ningún trabajo, ni tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu sierva, ni tu ganado, ni el forastero que habita en tu ciudad.Pues en seis días hizo el Señor el cielo y la tierra, el mar y todo cuanto contienen, y el séptimo descansó; por eso bendijo el Señor el día del sábado.

 

Guardarás el día del sábado para santificarlo.

 

Santificarás las fiestas.

 

 

 

 

 

Honra a tu padre y a tu madre para que se prolonguen tus días sobre la tierra que el Señor, tu Dios, te va a dar.

Honra a tu padre y a tu madre.

Honrarás a tu padre y a tu madre.

 

 

Exodo 20, 2-17

 

Deuteronomio 5, 6-21  




 

No matarás.

No matarás.

No matarás.

 

No cometerás adulterio.

No cometerás adulterio.

No cometerás actos impuros.

 

No robarás.

No robarás.

No robarás.

 

No darás falso testimonio contra tu prójimo.

No darás testimonio falso contra tu Prójimo.

No dirás falso testimonio ni mentirás.

 

No codiciarás la casa de tu prójimo. No codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su sierva, ni su buey, ni su asno, ni nada que sea de tu prójimo.

No desearás la mujer de tu prójimo.

 

No codiciarás... nada que sea de tu Prójimo.

 

No consentirás pensamientos ni deseos impuros.

   
No codiciarás los bienes ajenos.



[1] Cf. Ex 20, 1 y ss.  
[2]
San Agustín, De natura et gratia c. 69: ML 44, 289.

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