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Subió a los cielos...
Artículo 6
«Subió a los cielos, está sentado
a la derecha de Dios Padre»
«Estar sentado» es una manera de decir que ha llegado al reposo que merece como guerrero vencedor. Es la postura del Rey y del Juez, lleno de poder y majestad.
La Ascensión de Cristo al Cielo, entre otras cosas, nos mueve a buscar siempre las cosas esenciales, que son invisibles a los ojos del cuerpo, y que son aquellas cosas que no pasan y que no mueren: «Aspirad a las cosas de arriba donde está Cristo... gustad las cosas de arriba, no las de la tierra», decía el apóstol San Pablo a los primeros cristianos (Col 3, 1-2).
Asimismo, la Ascensión del Señor debe llenarnos de inconmovible esperanza, ya que nos aseguró: «En la casa de mi Padre hay muchas moradas... Voy a prepararos el lugar... De nuevo volveré y os tomaré conmigo, para que donde yo estoy estéis también vosotros» (Jn 14, 2-3). ¡Somos ciudadanos del Cielo! (Flp 3, 20). Y como los apóstoles, que tras la Ascensión quedaron «mirando al cielo», debemos tener «fija la vista en Él...» (He 1,10).
A la diestra del Padre
«Se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas» (Heb 1, 3), según San Juan Damasceno se refiere a la gloria y el honor de la divinidad, o sea, significa que Cristo reina junto con el Padre y, además, tiene el poder judicial sobre vivos y muertos. El saber que el Señor está junto al Padre debe hacernos crecer, de manera inconmensurable, nuestra confianza en Él: «Todo lo puedo en aquél que me conforta» (Flp 4,13), debe decir un joven junto con San Pablo y con él también aquella otra magnífica expresión de confianza total: «¡Sé a quién me he confiado!» (2 Tim 1,12).
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