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Todo lo que Dios enseñó es decir, toda la doctrina
católica contenida en la Tradición, en la Escritura, y enseñada por el Papa y
los Obispos unidos a Él es un tesoro tan hermoso que si
una persona lo encuentra debe «vender todo lo que tiene» (Mt 13, 44) y comprarlo, es decir, estar dispuesto a
los mayores sacrificios con tal de poseerlo.
En el Catecismo vas a encontrar ese tesoro y para hacerlo tuyo (o poseerlo) tendrás que
hacer algún sacrificio,
como por ejemplo, estudiar las lecciones, aprender algunas cosas de memoria, etc.; pero
bien vale la pena ese sacrificio porque es muchísimo más lo que vas a recibir.
Cuatro partes integran
este rico y hermoso tesoro:
1. lo que hay que creer o la profesión
de la fe;
2. lo que hay que recibir o la celebración del
misterio cristiano;
3. lo que hay que hacer o la vida en Cristo
4. lo que hay que rezar o la oración cristiana.
Todo lo que debemos creer se resume en una profesión de fe que se llama «Credo»
o «Símbolo de la
fe».
«Entre todos los símbolos de la fe, dos ocupan un lugar muy
particular en la vida de la Iglesia:
El Símbolo de los Apóstoles, llamado así porque es
considerado con justicia como el resumen fiel de la fe de los apóstoles.
El Símbolo llamado
de Nicea-Constantinopla, que debe su autoridad al hecho de que es fruto de los dos
primeros Concilios ecuménicos (Concilio de Nicea: año 325; Concilio de Constantinopla:
año 381)».[1]
El Símbolo o Credo
Creo en Dios,
padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado,
Creo en un solo Dios, Padre Todopoderoso,
La salvación
es algo que se ofrece y, por tanto, tenemos que recibirla. Normalmente se recibe por medio
de los Sacramentos, que nos
dan la gracia de Dios. Ya en el primero de ellos, en el Bautismo, recibimos esa gracia, y juntamente con
ella las virtudes teologales y morales infusas y los dones del
Espíritu Santo.
Sacramentos
1. Bautismo.
5. Unción de los Enfermos (antes llamada Extremaunción).
6. Orden Sagrado.
7. Matrimonio.
Virtudes Teologales
1. Fe
2. Esperanza
3. Caridad
Virtudes morales
infusas
1. Prudencia
2. Justicia
3. Fortaleza
4. Templanza
Dones del
Espíritu Santo
1. Sabiduría
2. Entendimiento
3. Consejo
4. Fortaleza
5. Ciencia
6. Piedad
7. Temor de Dios
Frutos del Espíritu Santo[2]
1. Caridad.
2. Gozo
3. Paz
4. Paciencia
5. Longanimidad
6. Bondad
7. Benignidad
8. Mansedumbre
9. Fidelidad
10. Modestia
11. Continencia
Se incluye en
los diez mandamientos de la ley de Dios, en los cinco preceptos de
la Iglesia, en las catorce
obras de misericordia, siete corporales y siete espirituales.
Mandamientos de Dios
1. Amarás a Dios sobre todas las cosas.
2. No tomarás el Nombre de Dios en vano.
3. Santificarás las fiestas.
4. Honrarás a tu padre y a tu madre.
5. No matarás.
6. No cometerás actos impuros.
7. No robarás.
8. No dirás falso testimonio ni mentirás.
9. No consentirás pensamientos ni deseos impuros.
10. No codiciarás los bienes ajenos.
Preceptos o
mandamientos de la
Iglesia[3]
Son cinco, a saber:
1. Participar de la Santa Misa
2. Confesar los pecados mortales al menos una vez al año.
3. Comulgar por Pascua
4. Ayunar y guardar abstinencia de carne cuando lo manda la Iglesia
5. Contribuir al sostenimiento de la Iglesia.
Obras de misericordia[4]
Espirituales:
1. Enseñar al que no sabe.
2. Dar buen consejo al que lo necesita.
3. Corregir al que se equivoca.
4. Perdonar las injurias.
5. Consolar al triste.
6. Sufrir con paciencia las debilidades de nuestro prójimo.
7. Rogar a Dios
Corporales:
1. Dar de comer al hambriento.
2. Dar de beber al sediento.
3. Vestir al desnudo.
4. Visitar a los enfermos y presos.
5. Dar albergue al peregrino.
6. Redimir al cautivo.
7. Enterrar a los muertos.
No se puede ser cristiano sin oración. La oración puede ser mental o vocal. Entre las
oraciones vocales las más importantes son: el Padrenuestro y el Ave
María.
Padre nuestro
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu
reino; hágase tu voluntad en la tierra como
en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también
nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y
líbranos del mal. Amén.
Ave María
Señal de
la Cruz
Antes de comenzar a rezar es conveniente
hacer la señal de la cruz. Se hace sobre uno mismo llevando los dedos de la mano derecha
a la frente diciendo: «En el nombre del Padre»; luego sobre el pecho diciendo «y del Hijo» (con lo
que se traza el palo vertical de la cruz); luego llevando la misma mano al hombro
izquierdo y al hombro derecho, diciendo «y del Espíritu Santo» (con lo que se traza el palo horizontal de la cruz);
finalmente se dice «Amén» que quiere decir: Así es. El hacerse la señal de la cruz se
llama: santiguarse.
«El cristiano comienza su jornada, sus oraciones y sus acciones con la señal de la cruz, en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén. El bautizado consagra la jornada a la gloria de Dios e invoca la gracia del Señor que le permite actuar en el Espíritu como hijo del Padre. La señal de la cruz nos fortalece en las tentaciones y en las dificultades».[5]
«Los cristianos, porque han comprendido que la cruz domina la historia, han colocado el crucifijo en las iglesias y en los bordes de los caminos o lo llevan en sus corazones. Pues la cruz es un signo verdadero de la presencia del Hijo de Dios; por medio de este signo serevela el Redentor del mundo. In hoc signo vinces (Con este signo vencerás)».[6]
Sobre estos cuatro cimientos la Fe, los Sacramentos, los Mandamientos y la Oración se construye todo el edificio de la vida espiritual del cristiano. Nuestra vida espiritual irá creciendo en la medida en que mejor los conozcamos y vivamos.
«Deseo deciros que Jesucristo es muy importante para vosotros y que vosotros sois muy importantes para Él. Jesús es importante para vosotros porque es Hijo de Dios hecho hombre. Os enseña el sentido más profundo de la vida, quién sois y qué es la vida toda ella. Si conocéis a Jesús y estudiáis sus enseñanzas en los Evangelios, llegaréis a entenderos más plenamente a vosotros mismos. Y vosotros sois importantes para Jesús porque Él os ama y murió por vosotros para que alcanzarais una vida plena ahora en la tierra, y luego en el cielo. Sí, sois muy importantes para Jesús. Y sois muy importantes para mí y para toda la Iglesia».
Juan Pablo II,
a los jóvenes de Papúa Nueva Guinea,
20 de junio de1984.
[1] Catecismo de la Iglesia Católica, 194-195.
[2] Catecismo de la Iglesia Católica, 2157
[3] Catecismo de la Iglesia Católica, 2041-2043
[4] Catecismo de la Iglesia Católica, 2447-2449
[5] Catecismo de la Iglesia Católica, 2157.
[6] Juan Pablo II, Mensaje para la XII Jornada Mundial de la Juventud,
agosto de 1997.
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