Página Principal Padre Carlos M. Buela Indice del Catecismo


LAS CUATRO PARTES

DE LA DOCTRINA CATÓLICA

        Todo lo que Dios enseñó –es decir, toda la doctrina católica contenida en la Tradición, en la Escritura, y enseñada por el Papa y los Obispos unidos a Él– es un tesoro tan hermoso que si una persona lo encuentra debe «vender todo lo que tiene» (Mt 13, 44) y comprarlo, es decir, estar dispuesto a los mayores sacrificios con tal de poseerlo.

        En el Catecismo vas a encontrar ese tesoro y para hacerlo tuyo (o poseerlo) tendrás que hacer algún sacrificio, como por ejemplo, estudiar las lecciones, aprender algunas cosas de memoria, etc.; pero bien vale la pena ese sacrificio porque es muchísimo más lo que vas a recibir.

        Cuatro partes integran este rico y hermoso tesoro:
        1. lo que hay que creer o la profesión de la fe; 
        2. lo que hay que recibir o la celebración del misterio cristiano;
        3. lo que hay que hacer o la vida en Cristo
;
        4. lo que hay que rezar o la oración
 cristiana.

1. Lo que debemos creer

        Todo lo que debemos creer se resume en una profesión de fe que se llama «Credo» o «Símbolo de la fe».
        «Entre todos los símbolos de la fe, dos ocupan un lugar muy particular en la vida de la Iglesia:

– El Símbolo de los Apóstoles, llamado así porque es considerado con justicia como el resumen fiel de la fe de los apóstoles.

– El Símbolo llamado de Nicea-Constantinopla, que debe su autoridad al hecho de que es fruto de los dos primeros Concilios ecuménicos (Concilio de Nicea: año 325; Concilio de Constantinopla: año 381)».[1]

El Símbolo o Credo de los Apóstoles

        Creo en Dios, Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra. Creo en Jesucristo, su único Hijo, Nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen,  
padeció bajo el poder de Poncio Pilato
, fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos, subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios, Padre todopoderoso. Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos. Creo en el Espíritu Santo, la santa Iglesia católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna. Amén.

  El Símbolo o Credo de Nicea Constantinopla

        Creo en un solo Dios, Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra, de todo lo visible y lo invisible. Creo en un solo Señor, Jesucristo, Hijo único de Dios, nacido del Padre  antes de todos los siglos: Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado, de la misma naturaleza del Padre, por quien todo fue hecho; que por nosotros, los hombres, y por nuestra salvación bajó del cielo, y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre; y por nuestra causa fue crucificado en tiempos de Poncio Pilato; padeció y fue sepultado, y resucitó al tercer día, según las Escrituras, y subió al cielo, y está sentado a la derecha del Padre; y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos y su reino no tendrá fin. Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que procede del Padre y del Hijo, que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria, y que habló por los profetas. Creo en la Iglesia, que es una, santa, católica y apostólica. Confieso que hay un solo Bautismo para el perdón de los pecados. Espero la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro. Amén.

2. Lo que debemos recibir

La salvación es algo que se ofrece y, por tanto, tenemos que recibirla. Normalmente se recibe por medio de los Sacramentos, que nos dan la gracia de Dios. Ya en el primero de ellos, en el Bautismo, recibimos esa gracia, y juntamente con ella las virtudes teologales y morales infusas y los dones del Espíritu Santo.

Sacramentos  
1. Bautismo
.  
2. Confirmación.  
3. Eucaristía (llamada también Comunión).  
4. Penitencia (llamada también Confesión o Reconciliación).
5. Unción de los Enfermos (antes llamada Extremaunción
).  
6. Orden Sagrado
.  
7. Matrimonio
.

Virtudes Teologales  
1. Fe
.  
2. Esperanza
.  
3. Caridad
.  

Virtudes morales infusas  
1. Prudencia
.  
2. Justicia
.  
3. Fortaleza
.  
4. Templanza
.

Dones del Espíritu Santo  
1. Sabiduría
.  
2. Entendimiento
 (o inteligencia).  
3. Consejo
.  
4. Fortaleza
.  
5. Ciencia
.  
6. Piedad
.  
7. Temor de Dios
.

Frutos del Espíritu Santo[2]  
1. Caridad
.  
2. Gozo
.  
3. Paz
.  
4. Paciencia
.  
5. Longanimidad
.  
6. Bondad
.  
7. Benignidad
.  
8. Mansedumbre
.  
9. Fidelidad
.  
10. Modestia
.  
11. Continencia
.  
12. Castidad.


3. Lo que debemos hacer

Se incluye en los diez mandamientos de la ley de Dios, en los cinco preceptos de la Iglesia, en las catorce obras de misericordia, siete corporales y siete espirituales.

Mandamientos de Dios  
1. Amarás a Dios
 sobre todas las cosas.  
2. No tomarás el Nombre de Dios
 en vano.  
3. Santificarás las fiestas.  
4. Honrarás a tu padre y a tu madre.  
5. No matarás.
6. No cometerás actos impuros.  
7. No robarás.  
8. No dirás falso testimonio ni mentirás.  
9. No consentirás pensamientos ni deseos impuros.  
10. No codiciarás los bienes ajenos.

Preceptos o mandamientos de la Iglesia[3]  

        Son cinco, a saber:  
1. Participar de la Santa Misa
 entera todos los domingos y fiestas de guardar.  
2. Confesar los pecados mortales al menos una vez al año.
3. Comulgar por Pascua
 de Resurrección.  
4. Ayunar y guardar abstinencia de carne cuando lo manda la Iglesia
.  
5. Contribuir al sostenimiento de la Iglesia
.

Obras de misericordia[4]
   
     Espirituales:  

1. Enseñar al que no sabe.  
2. Dar buen consejo al que lo necesita.  
3. Corregir al que se equivoca.  
4. Perdonar las injurias.  
5. Consolar al triste.  
6. Sufrir con paciencia las debilidades de nuestro prójimo.  
7. Rogar a Dios
 por los vivos y por los muertos.

        Corporales:  
1. Dar de comer al hambriento.  
2. Dar de beber al sediento.  
3. Vestir al desnudo.  
4. Visitar a los enfermos y presos.  
5. Dar albergue al peregrino.  
6. Redimir al cautivo.  
7. Enterrar a los muertos.

4. Lo que debemos rezar

    No se puede ser cristiano sin oración. La oración puede ser mental o vocal. Entre las oraciones vocales las más importantes son: el Padrenuestro y el Ave María.

Padre nuestro  
   
     Padre
 nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Ave María 
        Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor es contigo, bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Señal de la Cruz  
        Antes de comenzar a rezar es conveniente hacer la señal de la cruz. Se hace sobre uno mismo llevando los dedos de la mano derecha a la frente diciendo: «En el nombre del Padre
»; luego sobre el pecho diciendo «y del Hijo» (con lo que se traza el palo vertical de la cruz); luego llevando la misma mano al hombro izquierdo y al hombro derecho, diciendo «y del Espíritu Santo» (con lo que se traza el palo horizontal de la cruz); finalmente se dice «Amén» que quiere decir: Así es. El hacerse la señal de la cruz se llama: santiguarse.

«El cristiano comienza su jornada, sus oraciones y sus acciones con la señal de la cruz, “en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén”. El bautizado consagra la jornada a la gloria de Dios e invoca la gracia del Señor que le permite actuar en el Espíritu como hijo del Padre. La señal de la cruz nos fortalece en las tentaciones y en las dificultades».[5]

«Los cristianos, porque han comprendido que la cruz domina la historia, han colocado el crucifijo en las iglesias y en los bordes de los caminos o lo llevan en sus corazones. Pues la cruz es un signo verdadero de la presencia del Hijo de Dios; por medio de este signo serevela el Redentor del mundo. “In hoc signo vinces” (“Con este signo vencerás”)».[6] 

Sobre estos cuatro cimientos –la Fe, los Sacramentos, los Mandamientos y la Oración– se construye todo el edificio de la vida espiritual del cristiano. Nuestra vida espiritual irá creciendo en la medida en que mejor los conozcamos y vivamos.

«Deseo deciros que Jesucristo es muy importante para vosotros y que vosotros sois muy importantes para Él. Jesús es importante para vosotros porque es Hijo de Dios hecho hombre. Os enseña el sentido más profundo de la vida, quién sois y qué es la vida toda ella. Si conocéis a Jesús y estudiáis sus enseñanzas en los Evangelios, llegaréis a entenderos más plenamente a vosotros mismos. Y vosotros sois importantes para Jesús porque Él os ama y murió por vosotros para que alcanzarais una vida plena ahora en la tierra, y luego en el cielo. Sí, sois muy importantes para Jesús. Y sois muy importantes para mí y para toda la Iglesia».

Juan Pablo II,
a los jóvenes
 de Papúa Nueva Guinea,
20 de junio de1984.


[1] Catecismo de la Iglesia Católica, 194-195.
[2]
Catecismo de la Iglesia Católica, 2157
[3]
Catecismo de la Iglesia Católica, 2041-2043
[4]
Catecismo de la Iglesia Católica, 2447-2449
[5]
Catecismo de la Iglesia Católica, 2157.
[6]
Juan Pablo II, Mensaje para la XII Jornada Mundial de la Juventud, agosto de 1997.

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